(Por Christian Skrilec)
Ni el proyecto presentado por la senadora Teresa García, que implica la suspensión de las PASO y la realización de las elecciones bonaerenses el mismo día que las elecciones nacionales (Concurrentes); ni tampoco el documento que posteriormente firmaron unos cuarenta intendentes argumentando que la mejor solución consiste en desdoblar las elecciones provinciales y municipales, modifica el concepto esencial de lo planteado: el desdoblamiento es un camino hacia la derrota.
La ilusión “axelista” de estar realizando un gran gobierno, como explicamos la semana pasada. La dificultad casi barroca de llevar adelante una elección concurrente en la Provincia, esto es que se vote el mismo día con dos sistemas distintos. La necesidad de una pelea interna infinitamente postergada. Las diferencias políticas y personales de los dirigentes del peronismo-kirchnerismo-massismo. La ingenuidad, la torpeza; los rencores y las ambiciones; son parte de una compleja fórmula polinómica que derivará en el desdoblamiento y la derrota.
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El devenir de la derrota
El lector se preguntará efectivamente ¿por qué ocurrirá una derrota en la elección de la Provincia de Buenos Aires? Porque en la situación actual, todas son derrotas, algunas circunstanciales y otras definitivas. Los escenarios electorales son diferentes, pero la derrota es derrota al fin. Exploremos estos escenarios:
El gobernador Kicillof logra que se suspendan las PASO y luego decreta el adelantamiento electoral para principios de septiembre. Hoy, la situación más probable.
Aquí pueden ocurrir dos cosas, la primera es que el peronismo vaya en dos listas, una “axelista” y otra “cristinista”, aunque también en tres listas, si es que Sergio Massa decide no aliarse. El factor Massa, obviamente cada vez menos decisivo, tiene una pequeña porción de la torta. Cuando decimos torta, nos referimos a un peronismo que según el estado económico y social de los bonaerenses a la hora de votar, puede oscilar entre el 40 y el 50 por ciento del total de los votos.
Obviamente, ese volumen se divide con la partición y deja servido un triunfo a manos de la Libertad Avanza y sus aliados. Por supuesto, los operadores de turno explicarán que si se suman las partes del peronismo tienen más votos que el resto, o que la división peronista les permitió ingresar más legisladores que a los eventuales ganadores.
Una falacia. En una elección, la suma de las partes no es igual al total de la unidad política, y asimismo, no existe ninguna garantía que aquellos legisladores ingresantes por las partes se unan una vez que estén sentados en sus bancas.
En la división bonaerense se pierde con el verdadero oponente, que es el gobierno nacional de Javier Milei. Por donde se mire, es derrota.
Este escenario cuenta con una pequeña variante que es la utilización de las PASO para dirimir la interna peronista y evitar la división en la elección general. Esto aparece muy poco probable, no sólo por el rechazo que podría surgir desde la población y la consecuente merma de votantes, sino también por el financiamiento que la elección exige. El posible argumento del gobierno nacional que “la casta peronista quiere meter al país en su propia interna”, sería aún más perjudicial de cara a las elecciones generales.
El otro escenario es que se llegue a un acuerdo y haya una lista única del peronismo a pesar del desdoblamiento. Aquí la primera derrotada sería la expresidenta Cristina Kirchner, que exige una elección concurrente.
Pero digamos que Cristina y los suyos se someten ante la demanda de unidad. Está claro que sólo la aceptarían si el gobernador Kicillof cede muchos más espacios en las listas de los que él, y fundamentalmente quienes lo acompañan, están dispuestos a ceder. Aceptar nuevamente la lapicera del “cristinismo” sería demoler una de las columnas basales del “axelismo”. Si esto sucede, el derrotado es Kicillof, aunque nuevamente los operadores se ocupen de decir lo contrario.
Pero pasemos a otro escenario, mucho más entretenido aún. El peronismo va en dos listas, una apadrinada por Cristina y otra por Axel. Si la elección es muy pareja, digamos un empate técnico con menos de dos puntos de diferencia, la pelea por la conducción se posterga en el tiempo.
Si esa interna la gana claramente la lista de Axel, el “cristinismo” entra en una agonía que sólo podría recuperar partiéndose definitivamente del resto del peronismo y armando un espacio propio, esto los limitaría a un volumen de seguidores que haría improbable su retorno al poder. Pero consecuentemente, también limitaría las chances de ese nuevo peronismo empoderado que pretende encabezar Axel, la pregunta que evidentemente el entorno de Axel se ha negado a formular es: ¿Kicillof puede ser presidente con la oposición de Cristina?
Ahora mirémoslo desde el otro lado. Las listas de Cristina se imponen electoralmente a las de Axel. ¿Cómo sigue gobernando Kicillof?, otra pregunta que evidentemente no se han formulado. Conociendo a los actores del “cristinismo” y sus formas de ejercer el poder y actuar en política, ¿alguien cree que Kicillof puede seguir tomando decisiones después de una derrota interna? Esto más allá del peregrinar inmediato de gremios, movimientos sociales y de todos los que ingenuamente Axel denomina “mis intendentes” hacia las faldas de Cristina. Un triunfo “cristinista” pondría rumbo al movimiento de Kicillof derecho al pasado.
La derrota como conclusión
Lamento que por razones de espacio sólo me limite a algunas de las muchas formas de derrota que implican la falta de unidad del peronismo bonaerense. Porque la Provincia es el último bastión del peronismo, y posiblemente, el único mecanismo de freno real ante un gobierno como el de Javier Milei o similares.
En orden de importancia: CABA no es ni será peronista, a pesar de una circunstancial victoria legislativa. Córdoba es del peronismo cordobés, particular y ajeno al nacional. Santa Fe es radical. Mendoza es radical. Tucumán es de un peronismo en alquiler y Entre Ríos todavía responde al PRO mientras el peronismo es procesado. El peso del NOA y el NEA, al igual que la Patagonia, son necesarios pero están muy lejos de ser decisivos a la hora de una elección nacional. Muchos intendentes del conurbano juntan más votos que un gobernador patagónico o del norte.
La discusión bonaerense puede ser importante, pero carece de sentido si no se piensa en la política nacional, y si esta pelea que conduce a la derrota se da pensando en el 2027, más de una actor está razonando precariamente.
La situación del peronismo es crítica, si no la resuelve correctamente no tendrá otro destino que acabar en la irrelevancia, como le ocurrió al PRI mejicano y a tantos otros movimientos sociales y políticos de Latinoamérica. Está sería la peor de las derrotas.
Gracias por leer.




















