(Por Christian Skrilec)
El peronismo es un partido del poder, todos lo saben y lo admiten. También es un partido extremadamente pragmático y flexible, supera sin ruborizarse las diferencias dogmáticas, ideológicas, políticas y hasta personales, transformándolas en un mero incidente que no puede ni debe impedir su éxito electoral y su permanencia en el poder, o su recuperación de ser necesario.
La última foto de este pragmatismo extremo fue el armado político electoral de Cristina Kirchner para la elección del 2019. Por entonces, todas las diferencias fueron superadas para concebir una composición electoral que le permitiera al peronismo volver al poder frente a la frustración mayoritaria que provocaba el gobierno de Mauricio Macri. Volvieron, gobernaron, y más allá de cualquier explicación, salió mal.
Entonces Javier Milei. Una anomalía en el sistema, un emergente del hartazgo, una elección por cansancio y desesperación… tal vez. Pero lo que en verdad debería preocupar al peronismo y a todos los opositores en general, es que Milei no sea un simple acontecimiento, una circunstancia desfasada de la historia o una creación argentina producto de esa mezcla permanente de anti-peronismo y necesidades económicas, tal vez Milei, sea el referente de una época.
No nos apresuremos, Carlos Menem y Néstor Kirchner (luego Cristina en su primer mandato), fueron presidentes de una época. Menem entendió que su tiempo era neoliberal, de los mercados y los privados, de las ideas de Milton Friedman y las políticas de Bush. Una década después, Kirchner se estableció al ritmo del crecimiento de los commodities, el no al ALCA, la gran patria latinoamericana, Lula, Chávez y compañía y los derechos de las minorías. En ambos casos se mimetizaron con el clima de época. El inefable Jorge Asís dijo alguna vez que si Menem hubiese gobernado en tiempos de Kirchner hubiera hecho lo mismo que él y viceversa.
No estoy valorando las épocas ni los tiempos, las estoy describiendo amparado en los estudios y los análisis de los pensadores contemporáneos: Este es el tiempo del individualismo exacerbado, del tecno-feudalismo y de los oligarcas tecnológicos, de la derecha anti-progresista, de la manipulación de la información y el sesgo de confirmación, de la inteligencia artificial y la disolución de la comunidad. Milei es, al igual que Trump o Bukele, un presidente de esta época.
El peronismo y el resto de la oposición, hasta ahora, no han mostrado candidatos para este tiempo ni que se adapten al mismo. Solo hay mínimas señales de Cristina con algunos cambios conceptuales hablando del mundo del trabajo y la economía bimonetaria, o el mantra de Kicillof sobre la interpretación de nuevas canciones, pero no alcanza, el discurso peronista no es de este tiempo, de esta época.
Quedan dos opciones. Una es esperar que este tiempo pase y la época cambie, que las mayorías se frustren, y degradadas o lastimadas vuelvan al pasado o a otra opción menos dolorosa, cosa que puede ocurrir mañana o quien sabe cuándo. La otra es ahondar en el pragmatismo y la flexibilidad del peronismo y encontrar un candidato que represente la época. Otros caminos parecen poco probables.
Gracias por leer.





















