La gestión astuta de los intendentes

Por Christian Skrilec

Cuando Patricio Mussi recorre en bicicleta los barrios de Berazategui y celular en mano sube “historias” a Instagram o sacude su cuenta de twitter con comentarios vecinales, está haciendo política. Su padre, Juan José, se cansó de besar novias en el atrio y quinceañeras en las plazas, dar pésames, y cantar el feliz cumpleaños a clubes, centros de jubilados y sociedades de fomento, y eso también era y es  hacer política. Podríamos decir que “Pato” es un digno heredero de su padre, pero adaptado a su tiempo, las redes sociales son su herramienta de trabajo, y es uno de los intendentes que mejor las utiliza.

Siguiendo su cuenta de twitter, uno descubre que el municipio inaugurará una cancha de césped sintético, que tiene un programa de reciclado, que hay un par de eventos gastronómicos, que podés participar de un café literario, y que los muchachos de higiene urbana están trabajando un domingo a la mañana para que Berazategui esté “linda y limpia”. Esto es lo que se puede denominar gestionar con astucia: Mussi está vendiendo como óptimas una serie de actividades simples de bajo presupuesto y de impacto relativo como una demostración de gestión eficaz de cara al vecino.

Entre los años 2005 y 2010, bajo la gestión de Mussi padre, Berazategui tuvo un impacto decisivo de obra pública: los bajo vías de la avenida 21 y Villa España, las avenidas Este y Oeste, la Avenida Veragara, e innumerables asfaltos entre otras. Todas obras de infraestructura que modificaron la calidad de vida de los Berazateguenses. El presupuesto para ese tipo de obras se fue extinguiendo desde hace más de un lustro. La gestión de gobierno de Patricio es posiblemente de inferior calidad que la de su padre, pero sus conceptos de marketing son mucho más eficaces.

Astucias similares exhiben otros intendentes con distintas características. Jorge Ferraresi en Avellaneda, anunció y llevó a cabo un programa de una obra por semana y después los maximizó a una obra por día. Avellaneda es uno de los distritos más ricos en lo que a presupuesto propio se refiere, tanto es así que Ferraresi se dio el lujo de no convalidar el pacto fiscal propuesto por la gobernadora bonaerense. El detalle que se omite, es que esa obra a veces se limita a una mera reparación, o a una puesta en valor cuyo costo es equiparable con una tarea de chapa y pintura. Para Ferraresi, como para todos, también pasaron los tiempos de la abundancia, pero muestra la habilidad de darle volumen a acciones de gobierno elementales.

Pero para para no quedarnos con los intendentes peronistas, tomemos el caso de Néstor Grindetti. El mandamás de Lanús, una de las caras de Cambiemos más visibles en la Provincia, tuvo la ventaja de asumir el mando de una ciudad rota. Las obras de infraestructura llevadas adelante con fondos nacionales taparon el profundo bache que había dejado su antecesor. Grindetti fue el primero en saber que el drenaje de fondos se detendría después de las elecciones del 2015. Ahora el municipio  de Lanús vende su marca a través de la identificación con el SAME, la policía comunal y las cuadrillas de servicios públicos, instala una sensación de trabajo continuo y fervoroso cuando simplemente realiza las tareas básicas para la ciudad.

Pero además, dio una nueva muestra de astucia en los últimos días, con la difusión de notas publicitarias del polo gastronómico de media docena de cuadras que se viene conformando en Lanús Oeste hace un par de años, denominado simpáticamente “la lanusita”. Le da una imagen de desarrollo a un distrito que atraviesa serios problemas con la pequeña y mediana empresa en localidades como Valentín Alsina y Remedios de Escalada.

Los ejemplos hablan de la adaptación de los Intendentes a la época que les toca. Con poco venden mucho. Las obligaciones comunales crecieron hasta el ahogo con temas que otrora eran de responsabilidad provincial exclusiva, como la infraestructura y la alimentación escolar, la seguridad, los servicios básicos como agua y cloacas entre otras. No obstante, siguen teniendo en el manual, que esencialmente hay que resolver lo básico: el alumbrado, el barrido y la limpieza, y el mayor contacto posible con los vecinos, sin esto, no hay marketing que sostenga gestión alguna.

Gracias por leer.

 

*Publicado en la edición Nro. 881 del semanario “El Suburbano”.

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