(Por Christian Skrilec)
Días atrás la intendenta Magdalena Sierra logró aumentar su nivel de conocimiento de manera inesperada. La difusión de una actividad en la que se inauguraba una sala multimedia bautizada con su nombre en una escuela de la localidad de Gerli, se propagó en redes y en medios de alcance nacional. El hecho, de una torpeza mayúscula, volvió a poner en el tapete una verdad incómoda que el mundillo político de Avellaneda conoce de primera mano, a Magdalena Sierra no la quieren ni los propios, no la cuidaron, la entregaron, la dejaron que “la choque”.
El fenómeno no es nuevo, y desde que el ex intendente Jorge Ferraresi blanqueó su voluntad de que Magdalena lo suceda en el cargo, el rechazo hacia Magdalena se fue consolidando como un estándar político de la ciudad.
No en vano, una vez aprobada la renuncia de Ferraresi a la intendencia y lanzada su candidatura a la gobernación bonaerense, con la consecuente asunción de Magdalena como Intendenta, la frase que circula en los pasillos municipales repite que “es más fácil que Jorge sea Gobernador que a Magdalena la quieran como Intendenta”.
Las razones para ser una malquerida posiblemente no se puedan explicar desde lo racional. Magdalena es una militante que llegó a ocupar una banca en la Cámara de Diputados de la Nación, ser presidenta del bloque en el Senado bonaerense y manejar el poderoso Observatorio Social de Políticas Públicas de la Municipalidad de Avellaneda, casi un municipio paralelo con recursos y autonomía.
Suele decirse que el rechazo hacia Magdalena de parte de funcionarios y empleados municipales, como de los integrantes de la Agrupación Eva Perón (la agrupación política de Ferraresi), se agudizó en el último pedido de licencia de Jorge, mientras oficiaba de Intendente Alejo Chornobroff. Incomprobable.
El rechazo a Magdalena es emocional y maledicente. Se la acusa de la ruptura de Ferraresi con el rector de la UNDAV Jorge Calzoni, o de la pelea con del ex intendente con el ex secretario de Salud Luis Parrilla, como de provocar diferencias entre Ferraresi y sus principales soldados, como el todoterreno Hugo Barrueco, el preferido de los municipales para una sucesión.
Todos son dimes y diretes, pero lo cierto es que quienes propagan las versiones que aseguran que Magdalena Sierra mide en las encuestas entre 10 y 20 puntos menos que Jorge Ferraresi a la hora de candidatearse a la intendencia, son usinas oficialistas.
Las mismas usinas que irradiaron que el desprolijo e inadecuado nombramiento de Jorge Ferraresi como asesor municipal, fue la única manera de ordenar al funcionariado y la militancia después de la asunción de Magdalena.
También es cierto que a la hora de culpar a alguien cuando algo sale mal, es más fácil caerle a Magdalena que a Jorge, que a la postre, es el mandamás de la ciudad. Como suele afirmar un político de primer orden del oficialismo avellanedense: “no es que no quieran a Magdalena, a Jorge tampoco lo quieren, pero lo respetan”.
Pese a cualquier especulación, la decisión de Jorge Ferraresi de renunciar en vez de pedir licencia a la Jefatura Comunal, tiene dos lecturas inequívocas. Demuestra que irá a fondo en la pelea por convertirse en el candidato a gobernador del Movimiento Derecho al Futuro que encabeza Axel Kicillof; y confirma que el proceso sucesorio está en marcha con la figura de Magdalena Sierra como candidata a Intendenta, la quieran o no la quieran.
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