(Por Christian Skrilec)
Desde Cristina, Axel y Massa, hasta un concejal perdido en alguna provincia, pasando por los inefables intendentes del conurbano bonaerense, se envalentonaron con el triunfo de Luis Ignacio “Lula” Da Silva en Brasil. No es para menos: la derecha no será hegemónica en América del Sur, las bravuconadas insomnes del presidente Milei y su aura triunfalista pierden sustento, y la oposición se esperanza con un gobierno de Brasil apoyándolos en la campaña del 2027. Pero tampoco es para más: Lula no recorre los barrios de los conurbanos, no habla con los vecinos, ni representa a los trabajadores argentinos.
Parece que al peronismo, al progresismo y a la izquierda, no le alcanzara la realidad de una economía de masas en estado crítico y una vida cotidiana durísima para las mayorías, que necesitan el espaldarazo de Lula para volverse electoralmente competitivos.
Hasta el mismísimo Lula utilizó esa realidad para golpear a su oponente en el debate, tirándole a Javier Milei por la cabeza, mencionando que “la argentina está en recesión” y que “los trabajadores argentinos perdieron el 40 por ciento de los ingresos”.
El reelecto Presidente de Brasil podría haber aportado otra decena de datos inapelables que explican la degradación de la economía diaria, no hizo falta. Mientras que la gestión Milei se vanagloria de los éxitos macroeconómicos como la eliminación del déficit o el superávit de la balanza comercial, el peronismo dejó de repetir una de las frases claves de Néstor Kirchner: “Los números tienen que cerrar con la gente adentro”.
La crisis es económica pero el problema es político
La semana pasada un dirigente peronista me comentó que la interna peronista se iba a agravar porque “el gobierno nacional está regalado”, en referencia a lo que están soportando economica y socialmente las clases medias y bajas. Inmediatamente le pregunté: “¿por qué creés que Milei sigue siendo competitivo?”. La respuesta fue contundente: “Porque somos unos boludos”.
Lamentablemente no es tan simple y la boludez individual o grupal no alcanza para justificar la debilidad opositora. El principal espacio político del país desde hace ochenta años, tiene a la líder de los últimos veinte detenida en un departamento, su liderazgo es discutido y combatido internamente, no hay sucesores claros ni por consecución, reversión o diferenciación de sus políticas.
Además, el partido político, el aparato, el Justicialismo, como repetimos habitualmente, está fragmentado, roto o balcanizado, o todo al mismo tiempo.
El problema es político. En Brasil, Lula es el líder indiscutido del consolidado Partido de los Trabajadores. Ante el avance de políticas de derecha representa a los obreros, a la mayoría de los jóvenes y estudiantes, a colectivos progresistas que pelean por la cultura, por la diversidad, por la salud y por otros tantos derechos que en la elección se ponían en riesgo.
¿Quién representa en la Argentina?, ¿quién representa a los que perdieron el trabajo, a los endeudados y a los que no llegan a fin de mes?, ¿quién escucha a los vecinos y sus reclamos por un salario digno, mejores escuelas, mejores centros de salud y más seguridad?
Lamentablemente, Lula no recorre los barrios.
Gracias por leer.



















