(Por Christian Skrilec)
La confirmación de la condena y su detención en el departamento de San José 1111, volvió a poner a Cristina Kirchner en el centro de la política. Si bien las encuestas nunca habían dejado de señalarla como la principal opositora al gobierno de Javier Milei, la vocación emancipadora del gobernador Axel Kicillof puso en dudas la jefatura del peronismo en la Provincia de Buenos Aires. Las diferencias, discusiones y enfrentamientos en el bastión peronista ahora tienen un nuevo escenario, en el que el Gobernador perdió la centralidad y las consecuencias políticas y electorales siguen generando incertidumbre a menos de un mes del cierre de listas.
La primera pregunta que debemos hacernos es si el Gobernador alguna vez tuvo la centralidad política. La respuesta es que parcialmente no hay duda de ello. Es el Gobernador, generó su propio espacio político (Movimiento Derecho al Futuro), alineó intendentes, gremios, agrupaciones políticas y movimientos sociales, ganó batallas internas como el desdoblamiento electoral bonaerense, y fundamentalmente, inició una gesta emancipadora del liderazgo real y simbólico de Cristina.
Pero porque decimos que sólo tuvo una centralidad parcial, porque sus logros nunca fueron totales y para decirlo burdamente, no se quedó con todo el peronismo bonaerense, sino con una parte, y para emanciparse y mucho más para liderar un espacio como el peronismo, la única manera de quitarle la centralidad a la ex presidenta era y es, enfrentándola. La batalla formal y real, siempre es en el terreno electoral.
La otra pregunta, que posiblemente sea la más importante y que la política en general subestima, es la centralidad política fuera del ámbito político, la centralidad que otorgan las mayorías. La actividad política está inmersa en un microclima perverso, alimentado por funcionarios, legisladores, sindicalistas, empresarios, redes sociales, medios de comunicación y periodistas entre otros vectores. En las mayorías ajenas a la política, sean propios o extraños, por amor o por odio, la centralidad nunca dejó de ser de Cristina.
La detención reafirmó este hecho que buena parte de la política peronista subestimaba y ahora el problema interno se agudiza.
La inminencia electoral exige una velocidad en la toma de decisiones que invitan al error. Está claro que ningún espacio político puede sostener la misma estrategia que tenía antes de la detención, puede mantener los objetivos, pero necesariamente tiene que modificar los medios para lograrlos. Mantener la misma estrategia en un escenario completamente diferente no sólo es necio, es temerario para las aspiraciones políticas de un espacio como el peronismo, que pretende ser opción en el 2027.
Precipitadamente, algunos analistas entusiasmados por el financiamiento provincial, consideraron beneficiosa la detención de Cristina para las aspiraciones del Gobernador. Una torpeza, Cristina presa es un condicionamiento de negociación que solo se puede doblegar con el rompimiento. Kicillof tiene una sola ventaja a su favor: el tiempo. Especular que la centralidad de Cristina se diluya con el paso de los meses y volver a avanzar a paso firme, el problema es la ansiedad de quienes lo rodean y la elección inminente. Parece obvio que la estrategia de Kicillof para recuperar la centralidad perdida no puede ser a corto plazo.
Por otra parte, la centralidad de Cristina no es garantía de jefatura. El mayor poder de Cristina siempre fue su nombre en la boleta. Podemos citar dos antecedentes cercanos para probarlo, el primero es la elección del PJ nacional del año pasado, la candidatura de Cristina dio por terminada la disputa. El otro y más reciente, fue su anuncio de candidatura en la Tercera Sección electoral, que automáticamente reconfiguró la interna bonaerense. Los intendentes en general y algunos en particular, siempre le temieron a la candidatura de Cristina, porque son pocos los que tienen la capacidad de mensurar cuantos votos le son propios y cuantos se irían a manos de Cristina a la hora de enfrentar a un candidato avalado por ella. Ese poder, el poder de ser candidata, Cristina lo ha perdido, y tarde o temprano ese déficit va a notarse.
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