Por Christian Skrilec
“Hablen con sus padres, hablen con sus abuelos, y hablen también con sus hijos: votar a Milei es tirarse de cabeza en una pileta vacía”. Patricia Bullrich. Cierre de campaña en Lomas de Zamora, 19 de octubre del 2023.
Derrota y Humillación
Es difícil argüir las razones por las cuales Patricia Bullrich soportó semejante degradación. Después de estar presa durante la dictadura, enfrentar a lo más duro del sindicalismo, y tener bajo su control a la gendarmería nacional entre otros hechos de su dilatada carrera política, tuvo que humillarse ante quien la destrató, agredió y calumnió durante la campaña electoral.
Tal vez debió aceptarlo porque quién se lo pidió fue el promotor y armador de su candidatura, Mauricio Macri, que oportunamente fue sumándole soldados y candidatos y puso a todos sus operadores al servicio de destruir a Horacio Rodríguez Larreta.
La devolución del favor fue costosa.
Macri es Milei
Mauricio sabía que era imposible avanzar institucionalmente, el impedimento era lo que se observó a la postre, ninguno de los integrantes de Juntos por el Cambio, ni el radicalismo, ni la coalición cívica, ni el peronismo republicano, ni siquiera una buena parte del PRO, avalaría un apoyo irrestricto a Javier Milei. Actuó rápido y sin ambivalencias, mando a Patricia al sacrificio. Lo de Luis Petri es irrelevante porque no tiene ningún capital político.
Macri es el gran sostén de esta nueva alianza y hasta ahora, su principal vocero. Mientras sus interlocutores mediáticos toleran que diga que su candidata era Bullrich pero ahora la única opción es Milei, la matemática no falla: En menos de una semana dio más entrevistas para apuntalar el pacto con los libertarios que en los más de dos meses transcurridos entre las primarias y las generales.
Vale agregar que en ese largo período de abstinencia mediática, en sus escasas apariciones, se mostró condescendiente y cercano a los planteos de Milei y apenas crítico sus modos y sus formas.
“Viejos meados”
Milei no sólo acusó a Juntos por el Cambio de ser parte de “la casta”, sino que además dijo que estaban “juntos por el cargo”. Apenas tiene sentido recordar que calificó a Larreta de “comunista de mierda” o a Lilita Carrió de “burócrata inútil”, entres otras menciones insultantes.
Pero no sólo denostó a los dirigentes de Juntos con una agresividad sin antecedentes en la política nacional, también destrozó a sus militantes y vilipendió a sus votantes.
Durante los actos de campaña era usual ver a los adeptos de Milei moverse al ritmo de “el que no salta es radical”, u observar como esos mismos militantes calificaban a los votantes del PRO, si, del PRO, como “viejos meados” en todas las redes sociales. Tanto lo hicieron que pusieron de moda el calificativo.
Ahora, Macri y sus voceros, se molestan porque los radicales, los lilitos, y los viejos meados no quieren ir a votar o votar en blanco, eligiendo mantener un poco los valores de la dignidad y honestidad intelectual por sobre los valores del antiperonismo y antikirchnerismo.
Réquiem para Juntos por el Cambio
Como solía explicitar Bullrich y los suyos: “Tenemos diez gobernadores, quinientos intendentes, decenas de legisladores nacionales y provinciales…”. Eso no existe más, y si esta fuera la hora de contar voluntades institucionales, la de los dirigentes y no la de los votantes, no hay dudas que son mayoría los que desaprueban el pacto Milei-Macri.
En caso de caer derrotados en el Balotaje, no sólo acumularan una derrota innecesaria, sino que además habrán fragmentado una fuerza opositora capaz de equilibrar y condicionar a un hipotético gobierno de Sergio Massa.
Si la apuesta de Macri sale mal, ese peronismo-kirchnerismo que detesta se verá inopinadamente fortalecido.
Sólo sirve ganar
Milei y Macri saben que sólo les sirve ganar. Desde un triunfo podrían volver a sumar espacios, dirigentes y gobernantes necesitados de la sombra del poder y empezar a construir un nuevo espacio político, liderado por Macri y ejecutado por Milei.
Si pierden será una derrota sin revancha. Milei es por ahora un fenómeno coyuntural que sólo cuenta consigo mismo y un pequeño entorno. Todo el mundo sabe que sus diputados y senadores nacionales, sus legisladores provinciales y sus concejales municipales, salvo contadas excepciones, llegan a los respectivos recintos con un tachito en la cabeza. Hasta ahora, Milei sólo pudo sumar al descarte de la casta.
Por su parte, Macri terminaría de perder el liderazgo nacional de un espacio con expectativas mayoritarias, para convertirse en el referente un espacio de influencias localizadas y relativas.
Gracias por leer.






















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