(Por Christian Skrilec)
Si hay dos personajes de la política nacional que pueden considerarse verdaderos antagonistas son Elisa Carrió y Aníbal Fernández. Entre ellos no hay el más mínimo atisbo de consideración ni respeto. Se detestan públicamente. Las acusaciones cruzadas, las denuncias y los improperios los han llevado hasta la Justicia.
Para “Lilita”, como gustan llamarla sus admiradores, el Ministro Fernández es “un delincuente”, “narcotraficante” y “amoral”. Para Aníbal, Carrió “no tiene todos los patitos en fila”, pero esencialmente “es una persona sucia por dentro y por fuera”.
Es increíble que estas personas arriben al mismo diagnóstico respecto a lo que puede ocurrir con el país. Porque está claro que sus mecanismos de análisis y las directrices de su forma de pensar son muy distintas, o mejor dicho, eran muy distintas.
Semanas atrás Aníbal Fernández afirmó que “Vemos un grupo de gente que tiene cero formación, con vocación por el agravio y por lastimar, y lo que propone saldría únicamente por represión. Las calles regadas de sangre y muertos van a producir si tuvieran la posibilidad de ser Gobierno”.
Esta afirmación primaria fue ratificada en varios reportajes con más o menos las mismas palabras. El Ministro Fernández se expuso a nuevas acusaciones, tales como la de “sembrar el terror”, “iniciar la campaña del miedo” o preparar el terreno para desestabilizar y derrumbar a un futuro gobierno.
El inconveniente surge cuando una de las paladines de “la República” como solían calificarla a Carrió desde la mayoría de los grandes medios, afirmó que Mauricio Macri y Patricia Bullrich “se han corrido a un espacio más cercano a Milei” que de acceder al gobierno llevarán adelante “un ajuste muy brutal sobre las clases medias; pero muy brutal y en cuatro meses”.
No conforme con esto, Carrió agregó que eso implicará un nuevo ordenamiento, “pero no de un orden que proviene de la Justicia, de la República o de la represión respetando los derechos humanos, sino en la noción de un orden en el que hay que reprimir hasta matar si es necesario”.
Y entonces, para la mayoría de los grandes medios Carrió pasó de ser un paladín para convertirse en una “destructora del espacio opositor”, alguien que “perdió el rumbo” y quién sabe bajo que influencia una dirigente cuyas declaraciones “perjudican la democracia”.
En fin, todos juegan a la política. Pero pese al esfuerzo, después de las descalificaciones pertinentes y de hacer desaparecer las declaraciones de Carrió de todos los medios posibles, estamos obligados a prestarles atención.
¿Qué ven dos personajes antagónicos con ideologías adversas y posiciones irreconciliables, para diagnosticar, palabras más o menos, lo mismo? Es la pregunta que debemos hacernos.
La izquierda suele repetir como mantra ante medidas que apenas huelen a ajuste, que “este modelo sólo se sostiene con represión”. Seguramente la izquierda en cualquiera de sus formatos piensa eso sobre un hipotético gobierno de Bullrich o de Milei. Pero ahora no es sólo la izquierda, son también el inimaginable dúo Carrió-Fernández, el agua y el aceite combinándose para pronosticar un cataclismo político social.
Como sabemos, y repito, todos juegan a la política y todos tratan de defender sus intereses. Pero cuando personas y sectores con intereses contrapuestos coinciden y agitan los mismos fantasmas, aunque sea para beneficiarse, es posible que esos fantasmas, de alguna manera, puedan corporizarse.
Gracias por leer.




















