
Por Cesar Torres (diputado provincial por la primera sección electoral)
Hoy no hacen falta más que un puñado de click´s para enterarse sobre las políticas de educación pública que emergen desde la Dirección General de Cultura y Educación. Desde la actualización de diseños curriculares, hasta las nuevas becas de compromiso docente, la Red Aprendizaje, o las capacitaciones constantes.
Son pocos los medios de comunicación que toman esta información y la replican en sus portales de noticias o programas de televisión. Es cierto que no soy periodista ni puedo analizar esta situación, pero pareciera que la enseñanza no paga buenos títulos o no entretiene a nadie en las charlas de café.
Tal vez sí se convierta en una noticia si algún vetusto dirigente sindical viaja, o no, en primera clase, o si es millonario y dice representar a los trabajadores. Pero nada de esto importa más que a esas charlas cotidianas de quienes no tienen responsabilidades ante la sociedad. Nuestro compromiso debe ser mayor e ir más allá.
Por eso la idea nunca fue polemizar con un grupo gremialistas. Ni con nadie. Es preguntarnos, en verdad, el valor de la educación pública: no se trata tampoco de los salarios, sino de los miles de chicos y chicas de la provincia de Buenos Aires que pasan la mayor parte de su juventud dentro de un aula. Sin dudas no es poca cosa. Es su formación, la construcción de su identidad y su futuro.
Y acá viene la dificultad. Porque no existe ningún análisis serio sobre nuestra región, sobre Argentina y Buenos Aires que no encuentre deficiencias en la educación. Hace décadas mantiene un declive constante y sin dudas es la explicación a mucho de otros males que padecemos.
Ahora, vale preguntarnos ¿El conflicto con la dirigencia sindical, que lleva incontables días de medidas de fuerza y cortes de calles, suma o resta a la mejora de la educación pública?
La respuesta se las dejo a ustedes. Yo con el tiempo, desde la banca de la Cámara de Diputados y también desde otros espacios de trabajo que tuve el honor de dirigir, conseguí mi propia respuesta a esa pregunta y hoy puedo decir que estoy orgulloso de la gestión de la gobernadora.
Aún con sus dificultades, con los errores que uno puede cometer en el camino, pero siempre teniendo en cuenta que la meta no somos los diputados o senadores, los funcionarios, o gremialistas, sino los estudiantes.
Ellos esperan de nosotros algo más que un conflicto. Esperan que la educación no se tome como una mercancía o moneda de cambio para sacar una tajada política. Esperan que el valor primordial de la educación sea construir una sociedad más equitativa. De ser así, cuenten conmigo.





















La educación debería ser vista como una inversión (en capital humano), no un gasto. Ésta debería tratarse como una política de Estado y trascender a un gobierno en particular. Es indudable que sin educación no tenemos futuro como sociedad. La calidad de la educación pública argentina fue la nota distintiva de nuestro país durante mucho tiempo. Lamentablemente en los últimos 25 años hemos involucionado ostensiblemente en la materia. Nadie cuestiona el derecho de los trabajadores a su légitimo reclamo laboral, eso no se discute, no obstante la huelga debería ser utilizada con prudencia y razonabilidad como última instancia. Esperemos que como sociedad podamos entender la trascendencia de este tema vital, debatir, dar nuestros puntos de vista e intentar construir consensos. Lo que está en juego no es ni más ni menos que el futuro de nuestro país y de nuestros hijos. El desafío es inmenso.