(Por Christian Skrilec) El versátil conductor televisivo Santiago del Moro, dio una sentencia lapidaria al tiempo político que nos toca transitar: “No quiero vivir entre La Rosadita y los Panamá Papers””. La frase sonó fuerte y espantó a sus entrevistadores, que en ese momento oficiaban de voceros oficialistas. Entiéndase por “la rosadita”, al conteo de dinero de sospechosa adquisición por integrantes de la gran familia “kirchnerista”, y asimílese como “panamá papers” criollo a la vocación “macrista” de abrir cuentas en paraísos fiscales con fines desconocidos.
Los hechos no serían comparables, es cierto, pero el problema aquí es conceptual: el zorro gris que acepta 100 mangos del conductor que pasó el semáforo en rojo, y el funcionario nacional que se quedó con un millón de pesos por otorgar una licitación a un empresario amigo, sólo se diferencia por la oportunidad. En ambos casos hay corrupción, y no hay dudas que si intercambiásemos los roles entre el zorro gris y el funcionario, la vocación por el dinero fácil y mal habido no se vería trastocada por el lugar que ocupan.
La vara de CAMBIEMOS está muy alta. Se habló de transformación, transparencia, y eliminar la corrupción. Se hizo campaña invocando la legalidad, y se denunció la escandalosa corrupción “kirchnerista”. Ahora, hay que cuidarse.
Nuestra sociedad tiene la costumbre de preocuparse de la corruptela política solo en tiempos de turbulencia económica, el pensamiento colectivo suele argumentarse de manera bastante sencilla y personal: “si mi bolso está vacío es que se la deben estar choreando”. Atentos, la actualidad no tiene buenos indicadores para la economía, ni macro, ni micro. Es cierto que el gobierno esgrime la excusa que “la guita no está porque se la afanaron los anteriores”, el argumento es bueno, pero no vaya a suceder que la sociedad empiece a sospechar que los actuales también tengan ganas de llevarse lo que no les corresponde. Ahí si termina la luna de miel, y vamos derecho a tribunales a pelear el divorcio.
Estamos en la Argentina. Todos los políticos son corruptos hasta que demuestre lo contrario. El trabajo de ser honesto en la política es una simulación de 24 horas los siete días de la semana. Te convertís en un gran actor, o en un cínico, o felizmente, en honesto.
Auditando Quilmes
El ámbito local no se exime de esta situación. Jugó Martiniano en la apertura de sesiones ordinarias del Concejo Deliberante, y mandó con pito y cadenas a la gestión anterior. Producto de una auditoría que culmina esta semana, el propio Jefe Comunal hizo trascender datos que dejan a Gutiérrez y su staff rumbo a Tribunales. El esquema es complejo, si la auditoría es avalada por el Intendente, y se demuestra, por ejemplo, un faltante de dos docenas de vehículos, al gobierno municipal no le quedará otra que presentarse en la Justicia, caso contrario, serán pasibles de ser denunciados por un tercero por incumplimiento de los deberes de funcionario público, porque según la Ley, si un funcionario tiene pruebas de un delito, está obligado a denunciarlo.
En este marco, Molina se emparenta con la situación del gobierno Nacional, y queda expuesto a una vigilancia persistente por parte de la oposición, fundamentalmente la “gutierrista”, que estará dispuesta a devolver con fervor cualquier denuncia en su contra.
Esto puede ser positivo, y más si Martiniano tiene la sana intención de transparentar los asuntos municipales. Asuntos que se traducen en dinero, y en un presupuesto millonario, que es capaz de tentar al más austero de sus funcionarios.
La “maquinaria” municipal es enorme, y hay engranajes que se aceitan de manera regular gobierne quien gobierne. A un proveedor beneficiado por contratos municipales, le va a costar entender que no tiene que devolver una parte de su ganancia en concepto de retorno, porque de un día para el otro, el Estado se volvió transparente. La tentación se multiplica, las ambiciones son desmedidas, y siempre, sin excepción, hay uno dispuesto a cometer un descuido punible, y otro dispuesto a delatarlo.
Gracias por leer.
Publicado en la edición N° 795 del semanario «El Suburbano».




















