Quince días atrás, Noé Pedro Gullén, de 23 años, y Leila Rocío Vergara de 18, fueron encontrados muertos en una obra en construcción donde el joven trabajaba de sereno. El hecho fue reportado como accidental, ya que la pareja improvisó un brasero en una lata vacía de pintura para paliar el frío de la noche, y murió intoxicada por los gases.
Lo que omitimos en ese momento, es que dicha construcción, ubicada en Pueyrredón a metros de Lebenson, es ilegal.
En octubre del año pasado, ocho meses antes que la pareja apareciera muerta, una inspección de la dirección de Obras Particulares del municipio, inspeccionó el lugar y detectó que se estaban construyendo dos módulos de cinco pisos cada uno, sin que previamente se cumplieran ninguno de los trámites legales correspondientes. No tenían los planos aprobados, por lo que se ordenó la paralización de la obra.
Las actuaciones fueron remitidas al Juzgado de Faltas, donde se ratificó la paralización de obra y la clausura del lugar, además, en el mes de noviembre del año pasado, el mismo Juzgado envió un oficio a la Secretaría de Obras Públicas para que se cumpla la medida.
Pese a lo actuado, la obra prosiguió como si nada. Aún hoy, no figura ningún cartel con los arquitectos responsables, ni con el número de expediente municipal que le corresponde, y en el Juzgado de Faltas, no se presentó ninguna nota pidiendo la suspensión de la clausura.
Los vecinos consultados por este medio, aseguran que cuando se acercaban a preguntar por las características de la obra, o a quejarse por los inconvenientes que este tipo de construcciones suelen generar, los trabajadores contestaban que el edificio era de “gente del Municipio”. Según trascendidos, la construcción estaba en manos de un maestro mayor de obras que trabaja en la comuna.
Lo cierto es, que omitiendo todos los pasos legales, se siguió construyendo sin ningún tipo de control, hasta los muertos.



















