Villa Azul: datos, contexto, política y negligencia

(Por Christian Skrilec)

Las cámaras de televisión, los drones, y hasta el propio presidente en su discurso, exhiben la desigualdad entre la Villa Azul urbanizada del lado de Avellaneda y la Villa Azul sin urbanizar del lado de Quilmes. Hoy, que la intervención del estado parece haber logrado contener lo que podría haber sido una catástrofe sanitaria, podemos darnos el lujo de analizar las circunstancias de esa desigualdad que demuestra la realidad.

Lo primero a anotar en esta revisión que exhibirá como la negligencia política es responsable del hecho, es que desplazando las cámaras o los drones hacia el norte y ubicándolas en el centro de Wilde (partido de Avellaneda), la desigualdad se multiplica por diez. Si repetimos la misma operación hacia el sur, apenas unos 3000 metros hasta el centro de Bernal (Partido de Quilmes), la desigualdad se multiplica por treinta. No solo las dos “Azules” son desiguales, el conurbano está roto y unir los pedazos es tarea de décadas.

Lo más simple para la política es responsabilizar a  la gestión de Cambiemos. El facilismo es tentador, ya que la gestión Vidal agudizó la crisis estructural de los barrios de emergencia, que resistieron la degradación gracias al aumento de asignaciones, planes sociales y reparto de alimentos. Pero en lo que tiene que ver con infraestructura, se quedó en los amagues. Un dato elemental para demostrarlo es que en el año 2017, durante la gestión de Martiniano Molina, se obtuvo el record de obra pública en Quilmes (asfalto, avenidas, pasos bajo vías), pero no se inauguró una sola vivienda. El conurbano sabe y puede exponer con números, que la construcción de viviendas, hospitales y escuelas, nunca estuvo en la agenda bonaerense de Cambiemos, salvo que la emergencia lo desbordara.

Urbanización y degradación  de  Azul

Para entender el desarrollo urbanístico de Azul Avellaneda y la degradación de Azul Quilmes, hay que poner en contexto la situación administrativa y política. En noviembre del año 2005, en el marco del Plan Federal de Viviendas impulsado por el entonces presidente Néstor Kirchner, se lanza el subprograma de Urbanización de Villas y Asentamientos, iniciando una sustancial transformación de aproximadamente 150 barrios de emergencia ubicados el conurbano bonaerense.

Tomando en cuenta proyectos, ejecuciones e inauguraciones, el apogeo de este programe se produce entre los años 2007 y 2012,  previo al 2007 se presentan los proyectos y se otorgan la licitaciones, y después del 2012, lo que quedan son los coletazos de la obra pública kirchnerista.  En ese lustro de apogeo de construcción de viviendas, tanto Avellaneda como Quilmes cambian la conducción de sus municipios, y este dato político se vuelve fundamental:

Hasta agosto del 2009, el Intendente de Avellaneda es Cacho Álvarez de Oliveira, entre la creación del Subprograma y su salida del gobierno, se culminan las obras de tres barrios y un el 75 por ciento de un cuarto. Álvarez deja la intendencia en el 2009 para convertirse en ministro de Scioli, y asume Jorge Ferraresi, que en apenas tres años pone en marcha la construcción de viviendas en 24 barrios de emergencia de Avellaneda. Entre esos barrios estaba Azul, bajo la denominación “ex Llaneza”,  donde en apenas 3 años construyó 314 viviendas, y fue complementando el hábitat del barrio con obras que terminaron de inaugurarse en el 2017.

En Quilmes, el Subprograma para la construcción de viviendas también abarca dos gestiones. Entre el año 2005 y hasta el 2007, todavía gobierna Sergio Villordo, en ese período de dos años que ni siquiera la construcción de viviendas en el conurbano llega a ser furor, se inician y concluyen la construcción de siete barrios (Veteranos II, Monseñor Novak I y II, La Odisea I y II, 24 de Marzo en Libertad, y Lynch). Desde el 2008 hasta el 2015 gobierna Gutierrez, y en el apogeo de las viviendas sólo avanza en seis barrios, entre los cuales, los dos principales, el Monte-Matadero y La Matera, se producen múltiples inconvenientes para concluir la construcción y varias de las viviendas son ocupadas ilegalmente.

En el caso particular de Azul, Gutiérrez logra que se licite la construcción de 143 viviendas en el año 2009, y obras complementarias para el mismo barrio en el 2010, pero la obra recién se inicia en el 2015 en manos de la Federación de Cooperativas y apenas concluye el 6 por ciento del total. La gestión Molina a posteriori, lleva esa obra al 20 por ciento.

Acá no hay valoración política, hay razonamiento matemático y contexto comprobable. Mientras el Subprograma de Urbanización de Villas y Asentamientos es aplicado de manera ponderable y eficaz por  Ferraresi y de forma más que aceptable por Villordo, cae en la mediocridad con Cacho Álvarez y en el desastre con Gutiérrez. Desastre que todavía podría traer consecuencias penales, ya que oportunamente fue incluido en la denuncia de Elisa Carrió por corrupción y desvío de fondos que llegaron del ministerio de Planificación Nacional de Julio De Vido. Dos nombres de la administración quilmeña de entonces, Fabián Veneziano y Guillermo Robledo, están incluidos en la causa, pero fundamentalmente deben ser recordados como los principales responsables de la degradación de los barrios de Quilmes.

La matemática también condena a Molina de manera inapelable, y solo relativiza su responsabilidad el contexto de Cambiemos. Como dato esclarecedor, digamos que en agosto del 2016, se publicó en el boletín oficial una resolución del ministerio del Interior, conducido entonces por Rogelio Frigerio, que deja sin efecto los convenios de obras de “todos los programas de construcción de viviendas existentes para los proyectos que hayan quedado paralizados o sin inicio”.

Azul y el beneficio de la pandemia

Si los habitantes quilmeños de villa Azul logran superar la pandemia sin fallecidos y sin mayores complicaciones en el tratamiento de la enfermedad, el Covid 19 podría convertirse en la puerta de entrada a un hábitat y una vida mucho más grata de la que tienen actualmente.

La hipótesis es sencilla, la pandemia puso a Villa Azul en el primer lugar de esa triste y larguísima lista de barrios carenciados que se multiplican en Quilmes. Lugar que no ocupaba hasta ahora. Si a cualquier dirigente político de Quilmes se le hubiese pedido que nombre los tres, o los cinco barrios en los que el gobierno nacional, provincial o municipal, tendrían que intervenir de manera urgente, Azul no hubiera sido mencionado. Así de grave es la situación de los barrios vulnerables en Quilmes.

Es más, cuando la gobernadora Vidal crea el OPISU y lanza con bombos y platillos el programa para urbanizar una docena de barrios populosos de la Provincia con créditos del BID (Banco Interamericano de Desarrollo), uno de los barrios beneficiados es Itatí,  mientras que su vecino Azul, barrios complementario e imposibles de separar salvo por el actual operativo de aislamiento, no fue tomado en cuenta.

Un pequeño asterisco ilustrativo respecto a Itatí, pese a ser el barrio vulnerable más nombrado y visitado por Vidal, caminado por sus funcionarios y militantes, la primera licitación que lo beneficia data de finales de marzo del 2019. Las obras que se licitaron estaban fuera del megaproyecto urbanizador que promocionaba incansablemente y paradójicamente incluyen a Azul, y fueron por 216 millones de pesos. La mala ejecución y los pésimos resultados de esas obras están a la vista de todos.

Retomando la hipótesis de la posible reconstrucción de Azul después de la pandemia, la actual intendenta Mayra Mendoza se propone urbanizar el barrio, y según las informaciones divulgadas oficialmente, habría conseguido los apoyos provinciales y nacionales para llevarlo a cabo. El compromiso de la política está tomado, la expectativa es que esta vez se cumpla.

Gracias por leer.

 

 

 

 

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