La interna peronista detrás de la reapertura de la Clínica Estrada

por Ezequiel González

La última sesión del Concejo Deliberante de Lanús dejó al descubierto el frágil armado que sostiene el Frente de Todos en el distrito. Al margen de los cuatro distintos bloques legislativos que se identifican con el Gobierno Nacional y el Provincial, la falta de una ecuanimidad ideológica ha demostrado posibles fracturas que, a largo plazo, podrían ser perjudiciales a la hora de pelear por el distrito.

Las diferencias no comenzaron en la sesión, ni quedan dentro de las cuatro paredes del concejo. De fondo hay más de un mes y medio de acciones, discusiones y peleas por la repaertura de la ex Clínica Estrada de Remedios de Escalada, la cual finalmente será gestionada por PAMI. Una pequeña batalla en el armado local que La Cámpora siente que ganó.

A mediados de marzo, cuando recién comenzábamos a prepararnos para enfrentar la pandemia del COVID-19, un grupo de vecinos de Escalada decidió hacer una petición para reabrir el edificio de la ex clínica Estrada, hoy abandonado, luego de que quebrara en 2018. Se acercó el pedido a la Municipalidad pero no tuvo eco; sin embargo, esto fue levantado por un grupo de dirigentes peronistas, entre ellos el actual Director Nacional de Asuntos Políticos de la Jefatura de Gabinete, Agustín Balladares. Después de algo de exposición, la Comuna decidió actuar.

Hubo un pedido formal a la Provincia de Buenos Aires para el uso de la clínica. Sin embargo, desde el Ejecutivo bonaerense negaron esa posibilidad con el argumento de la falta de presupuesto para su puesta a punto. Parecía que se terminaba la novela, pero no fue así. A principios de abril, Balladares insistió y llevó tanto a funcionarios del Ministerio de Salud de la Nación como al titular de la CTA bonaerense, Oscar de Isasi, al lugar. Entonces, el Juez que lleva la causa de la quiebra Guillermo Oyhanart habilitó la posibilidad de la apertura y todo volvía a estar encaminado, hasta que la política metió la cuña.

Dias después, la Provincia, que había negado interés, firmó un comodato con la Justicia para llevarse todos los elementos de las áreas de terapia intensiva como nuevos suministros para reforzar el Hospital Evita de Lanús, nosocomio clave en la zona. Detrás del acuerdo estuvo el ex secretario de justicia de la Nación, Julián Álvarez, de buena relación con el magistrado. El dirigente, junto a la concejal Natalia Gradaschi, acompañaron al viceministro de salud Nicolás Kreplak a firmar el acta de la firma del comodato y el vacimiento del lugar. Ya no sería un centro para casos complejos.

El peronismo insistió con la posibilidad de abrirlo, utilizar las camas restantes para casos leves y sumarlo al trabajo que ya tenía el Municipio. Balladares se reunió con el intendente Néstor Grindetti y juntos avanzaron sobre el tema, pero apareció un competidor inesperado: el PAMI. El organismo, que hasta ahora (a más de un mes de discusión) se había mantenido al margen, decidió reclamar el lugar para un centro de contención de Adultos Mayores. El pedido llegó a través del Ateneo Néstor Kirchner, núcleo de las agrupaciones ultra k del distrito, que manejan los directores locales de la Obra social de los jubilados.

Oyhanart, esta vez no se la jugó y fue salomónico: decidió otorgar un uso compartido del edificio tanto para la Municipalidad como para el PAMI, cosa que no cayó bien en ningún lado. Sin posibilidad de un acuerdo y con un pedido específico de la Directora ejecutiva Nacional, Luana Volnovich, Grindetti cedió.

En medio de todo esto quedó el Concejo Deliberante. Héctor Montero, presidente del bloque FdT-PJ y hombre del ex intendente Darío Díaz Pérez, quien presentó un proyecto para declarar de interés legislativo la apertura de la clínica. Llevó la consulta al resto de los bloques peronistas y tuvo una fuerte negativa. Gradaschi, presidenta del bloque FdT-Unidad Ciudadana, le manifestó que el pedido podía ser utilizado por el Intendente para reclamar la clínica contra el PAMI.

La tensión dentro del espacio llegó al punto que Volnovich se rebajó a llamar a Díaz Pérez para pedirle que “su concejal” deje de lado el proyecto. El actual titular de la Obra social de las Fuerzas Armadas no tenía idea de qué hablaba; no está en el día a día local y lo maneja su esposa, Karina Nazabal, también concejal. No hubo acuerdo posible.

Para cuando llegó la sesión, la Municipalidad ya había desistido de la utilización del lugar, aunque hubo un pase de facturas. Montero insistió con el proyecto y fue rechazado por el voto peronista.

En un tiempo habrá que medir si las secuelas que dejó la batalla interna por la Clínica se justifican en la victoria conseguida sobre el oficialismo local, la primera en más de cuatro años de gestión.

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