Carlos Caramello | Los Infiernos Peronistas

Caramello

 

 

 

por Carlos Caramello (escritor y dramaturgo peronista)

 

Soy peronista por conciencia nacional,
por procedencia popular, por convicción personal
y por apasionada solidaridad y gratitud a mi pueblo
Eva Perón

Tengo el peronómetro invertido. Me lo legó el propio Juan Perón con sus escritos, sus discursos, sus acciones políticas, su conducción. Es como una especie de coso con cositos que no te puede decir con exactitud cuándo alguien es peronista pero establece, con absoluta precisión, cuándo alguien NO lo es.

El signo, la señal más certera del aparato, la que te asegura con certeza que Fulano o Mengana no es peronista, es la de la traición. Quien traiciona no es, ni puede llegar a ser, peronista. La base constitutiva del Peronismo es la lealtad. Ergo, quien traiciona, defrauda, degrada, rompe. Y el que rompe, paga.

Apenas un peldaño más arriba, pero casi en la misma categoría que los traidores, están los tramposos. Aduladores, corruptos, ladrones, propiciadores de un peronismo sin doctrina, sin fe, sin convicciones. Los que se disfrazan de peronistas pero que, más a la corta que a la larga, se deschavan. “Para conocer a un rengo lo mejor es verlo andar”, decía Perón parafraseando a Martín Fierro. Lo notable es que nuestros rengos se tuercen siempre para la Derecha.

Con un grado menor encontramos a los “suicidas” políticos. Los que se van de boca, los que no manejan los tiempos. Los que se mueren por ser, y no miden las consecuencias. Es peronismo básico el no ser atropellado. Elaborar una estrategia. Establecer la condiciones tácticas. Encantar. Persuadir. Convencer. Estar seguro antes de mover la pieza. Sin estas cualidades, muy difícil ser peronista.

Pegados a estos, en un círculo particular de nuestro Inferno, están los herejes. Los que niegan la doctrina. Los que reniegan de la Historia. Los que prefieren a los oligarcas antes que al Pueblo. Hombres y Mujeres que intentan colgarse de “las tetas del peronismo” pero negando los valores y la doctrina que han hecho que sea el Movimiento Popular más antiguo del mundo.

Subiendo un escalón hacia el cielo, están los tibios. Esos de los que Evita decía “me repugnan” y a los que Perón definía como “bosta de paloma”. Su condición de flojos, su actitud apática, su eterna pereza es contraria a la de un Movimiento siempre en acción, militante, trabajador y profundamente apasionado en la lucha.

Avanzando, encontramos a los avaros. Imposible que sean peronistas. Porque el Peronismo es dar. Y dar lo mejor. Lo que uno querría para sí. Quedan algunas de las pelotas de futbol que Evita repartía desde el tren. Y muchos jueguitos de té de porcelana que les regalaba a las niñas. Porque era todo de calidad. Hoy, muchos dirigentes compran, para repartir entre los pibes, pelotas de plástico que se rompen en cuanto las pateás. En la mirada de los que las reciben, te das cuenta que esos dirigentes no son peronistas.

En el circulo siguiente están los insaciables. Esos que te consiguen un “contratito para que vayas tirando” y se quedan con una parte a pesar de que ellos están en una buena posición. No se le roba al que necesita… El peronista no le roba al pueblo, más allá de lo que digan los gorilas.

Por encima, los obscenos del poder. Esos que hacen exhibicionismo de su poderío, su riqueza, su influencia. Los que buscan el poder por el poder mismo, no para cambiar la realidad. No para combatir las injusticias. Y mucho menos para resolver las comunes asimetrías que hay entre los que más tienen y los que más necesitan.

Finalmente, antes de llegar al Purgatorio (donde andan hoy unos cuantos dirigentes que se fueron y tratan de volver, sin comprender que al peronismo no se vuelve, se llega de nuevo), en el primer círculo del Infierno, están los apolíticos. Esos a los que el marketing trata de convencer para que te voten pero que son tan veletas, tan lábiles, tan inseguros e inconstantes que, no sirven. Porque votan y viven en contra de sí mismos. Y, sobre todo, en contra del Pueblo.

La posesión de ese peronómetro invertido (al que me refería al principio de la nota) me permite tener absolutamente claro quiénes son los dirigentes que andan lo más panchos pululando por radios, redes y TV, probándose la pilcha de candidatos del neo-peronismo cuando, en realidad, merecerían estar ardiendo en alguno de los círculos de nuestro Infierno, tan parecido al de Dante pero, a la vez, tan ligado a los conceptos filosóficos y doctrinarios de Juan Perón.

No voy a hacer nombres. Los alcahuetes, los botones, los buches también tienen un lugar en el círculo destinado a los traidores. Pero, si sos buen peronista; si leés la política desde esos valores que el propio Perón nos invitaba a no olvidar jamás, entonces vas a poder llenar, probablemente mejor que yo, los círculos de este infierno que, como dice el Indio Solari, “está encantador”.

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8 comentarios en Carlos Caramello | Los Infiernos Peronistas

  1. Cuanta claridad Carlitos!
    Da pena ver a tanto dirigente sin dirigidos probarse la pilcha de candidato, mostrando su desnudez ideológica acomodaticia y oportunista como la mosca que caga en la herida se pasean por los medios que por unos mangos acceden a darles esas publinotas disfrazadas de reportaje serio y circunspecto. El peronismo presentable se descalifica a si mismo.
    No hay peronismo en quién no siente hervir su sangre como Evita ante la injusticia. Gracias por esta nota esclarecedora.

  2. Es mas, me pregunto, de que sirve una nota que denuncia sin denunciados? Aplicarìa pensar que el compañero no tiene pruebas? Asì como està redactada no me queda otra que pensar que “es solo para entendidos”

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