(Por Christian Skrilec) La agenda nacional pone a la sombra los problemas de los distritos. La sombra se agranda entre los infortunios de la gobernación bonaerense para encontrar el Estado en el complejo mapa de la provincia. Los problemas no se recalientan, reposan. “Es un tiempo precioso el de la canícula”, decía García Márquez para explicar la desidia del trópico.
Los discursos de apertura, la herencia K, los fondos buitres, el narcotráfico, la paritaria educativa, ganancias, la reforma política, los despidos, Milagros Sala, el Papa, la inflación, las tarifas, los cortes de luz que se van con la aproximación del otoño, Arruabarrena se fue de Boca, y como si esto no alcanzara, el Cervecero no gana.
La sombra es enorme y la gestión Molina se guarece en un escenario Nacional de atención inapelable. Mientras tanto, Martiniano puede seguir explotando su mayor virtud: su empatía con el vecino y la buena relación con la gente del distrito en general. En particular, siempre hay alguno que discrepa e incomoda.
Un poco de carnaval, algo en las escuelas, el ya reconocido esfuerzo higienista de la limpieza, el bacheo inevitable, y no mucho más, hasta los anuncios empiezan a perder fuerza con el paso de las semanas. Pasaron 80 días de gobierno, los personajes de Julio Verne se tomaron ese tiempo para dar la vuelta al mundo en globo, pero la gestión aún no pudo dar vuelta los armarios del municipio para ver que tenían adentro.
La inexperiencia en la administración pública sea tal vez el mayor problema a resolver. El inconveniente de esta inexperiencia se resuelve con una receta bastante básica: tiempo, esfuerzo, trabajo, ensayo y error. El refrán que la define es más que útil, sobre todo cuando se habla de política: “la experiencia es el peine que te regalan cuando te quedaste pelado”. La otra resolución, es cambiar a los funcionarios nóveles por otros de mayor experiencia y/o capacidad, aunque se hace cada vez más evidente que Martiniano no confía en ellos.
El mayor acierto político en lo que va de la gestión, fue el cierre de paritarias con el Sindicato de Trabajadores Municipales (STMQ), que terminó de desnudar a Raúl Méndez, como un anquilosado empleado municipal, dispuesto a entregar a los trabajadores por un sueldo de 40 mil pesos como asesor y un retiro promisorio. Pero también, exhibió que bajo las circunstancias adecuadas, el jefe de Gabinete comunal, Guillermo Sánchez Sterli, puede sentarse a resolver. Más allá de las aportaciones externas, Sterli estuvo a la altura de las circunstancias, y las aprovechó. Consensuar el 10 por ciento de aumento para los trabajadores por el primer semestre del año, es un inmejorable negocio para el gobierno.
Pero las circunstancias que favorecieron a Sterli y le hicieron ganar puntos de experiencia como si esto fuese un juego de rol, no son iguales en otras áreas y en otros menesteres. No en vano, los dos funcionarios que mayor sostenimiento le dan al trabajo diario del municipio, son Darío Iezzi en Servicios Públicos y Oscar García en la recolección de residuos, tipos curtidos por la política y con historia de gestión. El resto, se esfuerza, remando, cuando muchas veces es preferible caminar.
Un mes más, ese es el tiempo aproximado que le queda a Martiniano y a los suyos para hacer pie, si no quiere pasar un año de tropiezo en tropiezo. El 1° de abril será el Intendente el que tenga que sentarse en el Concejo Deliberante para abrir las sesiones ordinarias. El Concejo lo recibirá con un abrazo, pero si no se empieza a trabajar seriamente en los acuerdos políticos y de gestión, la puñalada no será trapera, sino previsible. Para acomodar los tantos con la oposición, se necesita que el presidente del HCD, Juan Bernasconi, tome relevancia; y que le den el juego suficiente al Secretario de Gobierno, Fernando Pérez, el único soldado que tiene Martiniano para esa batalla.
Mientras tanto, a la sombra, esperando que ninguno, ni el Presidente ni la Gobernadora, se corran o se agachen. El tiempo de la canícula es un tiempo precioso.
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