(Por Christian Skrilec) Los gestos en política tienen un valor simbólico importante. Nunca es casual el apretón de manos, el abrazo prolongado, o el beso. Tampoco el lugar donde te sientan, ni cómo te acomodan para la foto. Si te nombran o no en el discurso, si citan tu distrito o si no se acuerdan de donde viniste. Creer que cualquiera de estos gestos se produce de manera aleatoria e ingenua, es pensar que los que ejercen el poder son ingenuos.
El Intendente Martiniano Molina fue enfocado al menos siete veces por las cámaras oficiales durante las respectivas aperturas parlamentarias, pude contar tres planos durante el discurso de Macri en el Congreso Nacional, y cuatro en el discurso de Vidal en la Legislatura bonaerense. Los negadores de siempre podrán argüir que se sentó en ese palco de casualidad, o que lo enfocaban porque estaba al lado de tal o cual.
Cualquiera de estos u otros argumentos se caen de manera inmediata si pensamos en la importancia que desde su origen, el PRO le da a la comunicación, y la trascendencia que le asignan a la imagen. La verdad, es que Martiniano es un tipo que al PRO le sirve mostrar. Podemos especular mucho sobre las razones, pero esencialmente podemos asegurar que es una figura empática, agradable, educada, con buena presencia, y que no viene de la política y su inevitable contaminación ideológica.
Las ventajas de esta comodidad del PRO con Martiniano, también se reflejan en la visita de la gobernadora María Eugenia Vidal a Quilmes, el encuentro ocurrió la semana pasada, y la excusa fue una reunión de gabinete bonaerense en la Casa de la Cultura de Quilmes, que luego se amplió a funcionarios locales. La foto entre Maru y Marty, vende.
Los gestos de aprobación PRO que recibe Molina tiene una utilidad práctica, el Intendente de Quilmes consigue endurecer los nudillos para golpear puertas. La ciudad y su gestión, necesitan fondos, como hemos dicho muchas veces: sin plata no hay gestión.
Esto nos deriva en las palabras que fueron dichas por Molina, y repetidas a canon de voces por el Jefe de Gabinete y el Secretario de Gobierno de la ciudad: Master Plan y paciencia. Más allá de lo simpático de la expresión “master plan” (nos remite inevitablemente a master chef), que ya fue corregida por funcionarios nacionales traduciendo master plan a “plan estratégico territorial”, la enunciación de este plan es quizás la primera idea fuerza de la gestión molina.
El “cambio”, que “los quilmeños vivan mejor”, que “tengamos una ciudad limpia y ordenada”, y otros conceptos de campaña, ahora se transforman en un “plan estratégico territorial” para Quilmes, la vocación hacia nuestro distrito del Secretario de Obras Públicas de la Nación, Daniel Chain, se esconde detrás del anuncio. Es difícil explicar de qué consta y que significa este plan maestro, pero puesto en palabras simples, podría decir que implica una fuerte inversión de nueva obra pública, culminar las obras a medias (el tendido del Roca eléctrico, la adaptación de sus estaciones, y la culminación de los bajo vías no pueda estar ajeno a ningún plan de ordenamiento de Quilmes), urbanización de barrios marginales, creación y mejoramiento de espacio público, reconfiguración del tránsito vehicular (estacionamiento medido, modificación de sentido en la circulación, y cambios de recorridos de colectivo son posibilidades), y una nutrida variedad de temas que tienen que ver con la infraestructura de la ciudad.
Atada al “master plan”, está la palabra “paciencia”. Molina les pidió paciencia a los vecinos y también lo hicieron sus funcionarios. La única reflexión al respecto es que si el paciente sabe que lo van a curar, espera tranquilo y se banca el dolor, pero ni bien sospecha que no lo van a atender, empieza a patalear en la sala de espera. Mientras el master plan se pone en ejecución, Martiniano tiene que convencer a los vecinos que esperen tranquilos, lo que, según sus propias palabras, será “lo más importante que le vamos a dejar a Quilmes”.
Gracias por leer.






















quiero hechos no palabras !!! hasta ahora no veo nada .
Hace 8 años por lo menos que en Quilmes no se ve nada…