En la visita de Mauricio Macri no todo fue color de rosas y sonrisas. Su primera visita como presidente de la nación a Quilmes dejó muchos datos por fuera de la información oficial.
Macri suspendió en más de una ocasión su llegada al distrito y la confirmación, de que finalmente este sábado estaría en Quilmes, llegó apenas unas horas antes, es que se temía por escraches.
Ya la llegada del presidente en helicóptero tuvo sus complicaciones debido al estado de los terrenos donde el mismo debía aterrizar en los predios de Aysa, muy húmedos por la fuerte lluvia de ayer, obstáculo que finalmente pudieron sortear.
En el trayecto de Bernal a Quilmes, Macri se encontró con gente a los costados de las vías, pero que llegaron al lugar no para saludarlo, sino que se presentaron con carteles bajo la leyenda “Macri = Hambre” y “No fue magia” en referencia a la frase de la ex presidenta, Cristina Fernández de Kirchner”.
Mientras tanto en la estación de Quilmes lo espera el intendente, Martiniano Molina. Frente a la estación se juntó un pequeño grupo de gente y en medio del bullicio de oyó un grito “Molina Puto”, sin embargo el intendente se lo tomó con humor “¿me están diciendo puto a mi o me parece?” preguntó a los presentes con una sonrisa.
Fue a minutos de que llegara Randazzo, en medio de los bombos de los muchachos de la UOCRA que entonaban eufóricamente “Mauricio, Querido, Olmedo está contigo”.
El ex ministro de interior y transporte llegó saludando a los presentes y con una evidente buena relación con los trabajadores y autoridades de ferrocarriles. El trato con el presidente fue frio, un saludo amable cuando llegó y el cruce de unas pocas palabras.
Macri decidió no hablar con la prensa, Molina tampoco. Sí lo hizo Randazzo, quién se mostró interesado en dar a conocer sus diferencias con el actual gobierno.




















