(Por Christian Skrilec) El pleno está en el límite de la apuesta, si el 22 sale Macri los amarillos hacen saltar la banca, si sale Scioli, el “peronismo” se levanta como Lázaro y empieza reconstruir poder con un esquema que hoy aparece indescifrable.
Si el “candidato es el proyecto”, como recitaba monocorde el “kirchnerismo” duro, el proyecto perdió como perro. El candidato es Scioli, sus diferencias conceptuales y de ejecución con los K, su alianza con los gobernadores e intendentes del PJ, y el único salvavidas que le queda (o que siempre tuvo) una generación entera de dirigentes peronistas. Cómo puede conducir Scioli el país, es un enigma.
CAMBIEMOS, no es el cambio, o sí es el cambio que encarna Mauricio Macri, dueño de la sigla, del slogan, y de la representatividad de una “nueva forma de hacer política”, las comillas no son en vano, entre los nuevos aparecen viejos dirigentes exonerados de la política, y economistas que sólo siguen hablando por radio y televisión porque somos un país sin justicia ni memoria.
En la Argentina no sobreviven ni los slogans.
La gran debilidad de Scioli, como vicepresidente, como gobernador, y como candidato, es el “kirchnerismo”, que actúa como la Kriptonita sobre Superman. Su gran virtud, la paciencia y el determinismo, recordando siempre que el determinismo es el primer paso al fanatismo.
La debilidad de Macri, el unitarismo extremo, desde lo conceptual y desde su apreciación de la realidad nacional. El tema es menos grave de lo que parece si se piensa que este país dejó de ser “federal” desde la batalla de Caseros, o tal vez, nunca lo fue. Su virtud, construir poder político sin mostrarse como un político, venderse como administrador eficiente y transparente a pesar de las desprolijidades y las ineficacias.
La fábrica de ideas de CAMBIEMOS fue mucho más acertada de lo que todos suponían, y pudo construir la maquinaria publicitaria y electoral que reclamaba el presente nacional. Leyeron con claridad lo que muchos se negaban a leer, el ambicioso relato K estaba agotado, con las variables económicas cuestionadas de todas formas, con los indicadores sociales imprecisos o incomprobables, y un humor social negativo hacia el oficialismo que se manifestaba a cara descubierta. CAMBIEMOS se convirtió no sólo en un gesto de voluntad, sino en un objetivo para una gran porción del electorado.
Ahora bien, qué es cambiemos, en el sentido específico del cambio, es algo que excede a la real politik y a los actos de gobierno. Solo pensar en la propuesta “pobreza cero” de Mauricio Macri, ambición que ni siquiera pudieron ensayar la Suecia socialista de Olof Palme, ni la Dinamarca actual, es darse cuenta que lo que prevalece sigue siendo “el relato”.
Relato que dejó de ser épico y dramático, con anuncios de reparación histórica por cadena nacional impulsados por héroes de revoluciones imaginarias, para convertirse en un relato, o mejor dicho, un cuento infantil de fiesta de cumpleaños, con globos y bailes descoordinados, donde nos cuentan que todos podemos ser felices y vivir mejor. Acá está la lectura del humor social, y de lo que el votante quiere escuchar, y del asunto del cambio.
De ahí el cambio de Scioli, que intenta desamarrarse del relato que supuró los oídos de la gente, y plantarse como una opción de literatura realista entre la épica gastada y el cuento de hadas. En su necesidad de atravesar con su lancha el tsunami bonaerense del 25 de octubre, Scioli recurre a todo lo que esté a su alcance para explicar que en realidad no vamos a tener una fiesta de cumpleaños, sino una historia de terror. Con el inconveniente insalvable, que para una gran porción del lectorado, la sensación de miedo y final infeliz, la viene sintiendo desde hace cuatro años.
Este es un paño difícil, y no hay posibilidad de retirarse, hay que apostar y apostar en serio, o sale Scioli o sale Macri, esta vez el veintidós puede ser negro o puede ser rojo, y las consecuencias de la apuesta van a sentirse a corto, mediano, y largo plazo.
Frente a lo que viene, uno tendría ganas de encarar al croupier y cagarlo a trompadas, pese a que después, lo echen para siempre del casino.
Gracias por leer.



















