(Por Christian Skrilec) El lunes cambia el panorama político, es una perogrullada, pero también una verdad irrefutable. Scioli será presidente electo, o irá al balotaje con Macri, o si chocan los satélites, con Massa. Aníbal Fernández será gobernador, y si los dos satélites que dijimos, chocan además contra un transbordador varado de la ex URSS, puede perder con María Eugenia Vidal.
En Quilmes la cosa se redujo a dos candidatos. Francisco Gutiérrez por el Frente para la Victoria, y Martiniano Molina por CAMBIEMOS. Siguiendo con la metáfora aeroespacial, para ganar, Walter Queijeiro, necesita que choquen los planetas.
En Quilmes va a haber un cambio, no sólo si ganan los que proponen el cambio, si no también si continúa Gutiérrez. Esta es la hipótesis.
Hoy todos los números de encuestas y sondeos que se manejan a nivel distrital, indican que la lista de Scioli le sacará una buena ventaja a la de Macri. Nadie lo discute. También es un especulación generalizada que Aníbal cosechará menos votos que Scioli, aunque más que María Eugenia Vidal. Así las cosas, Gutiérrez larga con ventaja.
No obstante, también es una teoría aceptada, que Gutiérrez tendrá menos votos que Scioli, y posiblemente que Aníbal. En síntesis, habrá corte, pero el número, nadie puede mensurarlo. En ese corte, que el propio Gutiérrez viene espantando en las declaraciones, se define la elección local.
Suponiendo que el corte sea leve y Gutiérrez gane, el cambio también será inevitable. En primer lugar, porque Gutiérrez no sólo habrá roto, como lo hizo en el 2011, el maleficio de la relección, sino que esta vez entraría en un tercer mandato consecutivo, algo que cinco años atrás era impensable. Esto, en los papeles, debería darle mayor poder, pero no es tan sencillo.
Con estos números, Gutiérrez ganaría por el arrastre. Y esta vez, el arrastre puede ser demasiado evidente. Además, si el oficialismo se impone en Nación y en Provincia, tanto Scioli como Aníbal tienen representantes de fuste en el distrito que se lo recordarán rápidamente. Gutiérrez tiene en esta elección lo que nunca tuvo, aliados oficialistas.
Es imposible pensar un tercer mandato de Gutiérrez sin la inclusión de esos aliados al gobierno. No incluirlos, sería enfrentarse con Nación, o con Provincia, o con ambos.
Aquí se gana por un voto, y el que gana se siente imbatible, aunque gane de milagro. Pero esta vez, la autocrítica está atravesando a todo el gobierno comunal. Algunos le apuntan a los déficits de gestión, otros al armado político de las segundas líneas, etcétera. Pero sólo el hecho que estemos planteando que la elección local está en duda, cuando la lista del oficialismo tendrá como mínimo diez puntos de ventaja, es porque algo se hecho mal. La reelección, también acarreará cambios.
El otro escenario, el de la derrota de Gutiérrez y la consagración de Molina, es más que un cambió en la política. Si el ganador es Martiniano, le pega un sartenazo al peronismo quilmeño que lo dejará grogui. En este caso, el Barba será el padre de la derrota, pero el padre de una familia muy numerosa. A todos les será difícil escaparle al bulto de la derrota. Ninguno: ni Gurzi, ni Julio Nieto, ni La Cámpora, ni el “sciolismo” en todas sus vertientes, ni el propio Aníbal saldrán indemnes.
Podrán justificarse de muchas maneras, pero los condicionamientos a futuro serán difíciles, sobre todo para los que piensen en candidaturas posteriores. Si no pudieron ganarle a “el cocinero”, por qué razón se los incluiría en una lista legislativa. Y si colaboraron para que el Barba pierda, se convierten en traidores poco fiables. Una encerrona compleja.
Mientras tanto, Martiniano camina, saluda, da besos, se pega a la imagen más pura del PRO capitalino, supera las diferencias internas del armado local (al menos hasta las elecciones), y espera dar el batacazo. Imaginar su gobierno es difícil, una cosa es un Martiniano intendente con Macri presidente, y una muy distinta con Scioli y Aníbal Fernández en el poder, pero ya es demasiada especulación.
Lo que viene es distinto, ya nada será igual en la política de Quilmes. La semana que viene empezaremos a apreciarlo.
Gracias por leer.
Publicado en la edición 776 de «El Suburbano»




















