Luego de ser nombrado Obispo de la Diócesis de Avellaneda – Lanús, el padre Maxi Margni dialogó con El Termómetro sobre la nueva etapa que comienza. Afirmó que no se esperaba este cambio, y que va a trabajar en los barrios. Además, se mostró preocupado por la imposibilidad de diálogo entre los que piensan diferente; la situación del conurbano bonaerense; y particularmente de los jóvenes.
“Para mi es una sorpresa muy grande no lo esperaba, fui electo en su momento como obispo auxiliar de Quilmes, para ayudar a Carlos Tissera, él cumple este año 70 años, y nosotros podemos quedarnos hasta los 75, por lo que le quedan cinco y yo me imaginé con él estos cinco años” contó Margni. “No estaba en los planes, yo siento que me queda muy grande” afirmó.
Respecto de si hará el mismo trabajo de territorio en su nuevo lugar aseguró que ese modo de presencia es el único que conoce: “Es por convicción y como aprendí a ser pastor, no concibo un servicio sin estar codo a codo, presente. Esas cuestiones de escritorio no suceden solo en la iglesia, uno puede tener un modo de escritorio, organizacional, para mi no es la mejor manera” aseguró. Y agregó: “La mejor manera es estar cerca, estar presente, hacer la experiencia con los otros, que vean que estas a su lado, no solo le das un discurso”.
Además, el Padre Margni, se refirió a la polémica salida del Obispo Frassia de la Diócesis de Avellaneda – Lanús. “No es diferente a las tensiones que hay en todas las Diócesis, pero fue más mediática” afirmó y contó que todavía no tuvo ninguna reunión con los actores y sectores de la zona por lo que no tiene mayores detalles.
El nuevo Obispo señaló que en estos días recibió muchos mensajes de apoyo y de cariño, que hay mucha gente que hace un año está esperando la llegada de un nuevo pastor, aunque también sabe que hay quienes se identifican con su figura y quienes no.
“Siento una misión ahí en este tiempo y en la cultura que vivimos, voy a tener que salir al encuentro con otros. Creo que la grieta es inevitable, porque es verdad que pensamos distinto, pero no puede ser, tiene que haber una humanidad que dialoga pensando diferente. Sino la única posibilidad es la aniquilación del otro” reflexionó. En esa línea agregó que le preocupan las generaciones jóvenes “abandonadas a discursos de odio, a la construcción de sociedades que no pueden reconciliarse y trabajar juntos”.
Sobre la situación actual del conurbano bonaerense aseguró que “es compleja hace décadas y crece en la complejidad, se vuelve severa, hay un problema del que no somos del todo consientes, tenemos un crecimiento impresionante que no podemos acompañar del mejor modo posible. Hay que trabajar en proyectos para jóvenes que puedan pensarse con proyectos en otros lugares del país”.



















