Aiello – Fernández Scarano | El desarme de Precios Cuidados y su impacto en las fiestas

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por Alejandra Fernandez Scarano  (Contadora Pública – UBA) y Juan Aiello (Lic. en Administración – UBA) miembros de CEPA

El programa Precios Cuidados fue presentado en el año 2004 como una política pública con objetivos anti-inflacionarios. Consistía en un acuerdo de precios con participación voluntaria de empresas oferentes de un conjunto de productos que, siendo previamente conveniados, debían actuar como precios de referencia. El Estado se hacía cargo de la difusión y la negociación, así como también de la fiscalización del programa. Con el cambio de gobierno a fines de 2015 los instrumentos para combatir la inflación pasaron a manos del Banco Central, limitándose a una política monetaria de altas tasa de interés y absorción de pesos. Sin embargo, los resultados estuvieron lejos de ser exitosos con una inflación que se estima terminará el 2018 en más del 47,5%1.

Con todas las variables económicas en retroceso, y en contra de su propio pensamiento económico, el gobierno no tuvo otro remedio que retomar el programa pero con importantes cambios en el funcionamiento, cumplimiento, publicidad y control. Esto se traduce en una menor oferta (actualmente hay 100 productos menos) y reducción de variedad y calidad. Además, la comercialización se acota a grandes supermercados, dificultando el acceso a los consumidores del resto del país, principalmente aquellos de menores recursos que suelen consumir en comercios de proximidad.

También se observa una tendencia hacia el reemplazo de marcas líderes por otras con menor peso específico en el mercado, afectando el principal objetivo del programa que era lograr acuerdos que oficien como precios de referencia. El nuevo conjunto de bienes ya no sirve como ancla para los precios, sino que constituye una canasta barata para sectores de bajos ingresos. La falta de publicidad y control también atentan contra el éxito de esta política de control de precios.

Un informe del CEPA2 muestra que en 2015 la cantidad de productos llegaba a 193, desciende a 142 en 2017 y sube a 240 en 2018 pero con menor incidencia de lácteos y más productos procesados y congelados. Las bebidas pasaron de 54 en 2015 a 48 en 2018, perdiendo peso las bebidas no alcohólicas. Los productos frescos (frutas y verduras) para el mismo período pasaron de 22 a 2. La proporción de alimentos y bebidas cayó del 67% del total del programa al 63%. Un dato llamativo de la lista de 2018 es la incorporación de productos de líneas propias de distintas cadenas mayoristas y de supermercados cuya disponibilidad se reduce únicamente a dichos comercios, por lo que se dificulta el acceso a la mayoría de los consumidores. Del total de los 600 productos de la canasta, 54 corresponden a productos propios: 15 marcas propias de Carrefour, 15 de Yaguar, 11 de Makro, 9 de Día% y 4 disponibles en mayoristas.

Sólo 58 productos sostuvieron su presencia desde el año 2015 de forma ininterrumpida con un aumento promedio del 100,2% (aunque en rubros como lácteos los incrementos fueron mayores) acompañando el ritmo inflacionario que alcanzó el 108% en el período 2015-2018. También se observó que hubo productos que salieron del programa para luego reingresar con precios sustancialmente mayores, pañales con incrementos de hasta 125% y aceites con aumentos de hasta el 431%.

La menor variedad también caracteriza a esta nueva versión de Precios Cuidados. Se ha pasado , por ejemplo, de 5 variedades de pan a sólo 2 – de las cuales 1 es de un supermercado por lo cual sólo se consigue en esa cadena- ; en carnes y pollos se pasó de 7 a 2 variedades, en frutas y verduras de 8 a 2, en leches de 7 a 4 por sólo citar sólo algunos rubros.

La incorporación de segundas y terceras marcas se realiza de manera paralela a la eliminación de aquellas que son líderes y, además, se evidencia una aparición de productos marca propia de grandes proveedores concentrados, eliminando así la diversificación de proveedores que era otro de los objetivos del programa original. Como se mencionó anteriormente, al quitar del programa la marca líder se pierde la capacidad que ésta tiene de oficiar de precio de referencia en el mercado.

La falta de publicidad y señalización dificulta encontrar los productos en las góndolas. A esa situación se le suman otras estrategias complementarias como no ofrecer los productos incluidos en Precios Cuidados y en cambio presentar productos con un packaging similar por un precio mucho mayor. Todas situaciones que podrían evitarse y penalizar con un correcto control.

En este contexto llegamos a las fiestas de navidad y año nuevo con un aumento en la denominada cena navideña de casi el 50% respecto a 2017 y 251% respecto a 2015. Por su parte, la tradicional mesa dulce se incrementa un 78% en relación al 2017 y un 216% versus 2015¸ampliamente por encima de la inflación.Las fiestas le cuestan a una familia $4.156 por cada cena, por lo que considerando la cena del 24 y el 31 se necesitan $8.3123.

La respuesta del gobierno fue un tibio y tardío anuncio el 7 de diciembre informando que se sumaban al programa opciones para las fiestas de productos típicos (turrones, budines, pan dulce, garrapiñadas, sidras, entre otros) a precios más bajos que el promedio del mercado y, además, que la Cámara Argentina de la Industria del Juguete se incorpora con juguetes a precios accesibles que se pueden adquirir en los 2500 supermercados del país. No hay una sola cifra de cantidad ni de precio de los productos.

El programa Precios Cuidados original se pensó como respuesta a los problemas inflacionarios y como herramienta para establecer precios de referencia para los consumidores a fin de tratar de evitar los aumentos abusivos por parte de la oferta. También buscaba diversificar las opciones en un mercado muy concentrado donde el 78% de los enlatados son producidos por Arcor, el 80% del aceite comestibles es acaparado por dos empresas (Molinos Río de la Plata y AGD), Coca Cola y Pepsi controlan el 82% de las gaseosas, el 75% del azúcar lo produce Ledesma, 2 empresas (La Serenisima y Sancor) controlan el 82% de la producción e leche y el 60% del mercado de galletitas es controlado por Bagley (Grupo Arcor) y la multinacional Kraft- Mondelez, así como el 80% de la producción de pan es controlada por la multinacional Bimbo, entre tantos otros ejemplos. En comercialización solo 4 grupos tienen 10 cadenas de supermercados y 886 bocas de expendio.

Nuevamente, considerando que las mujeres son jefas en el 83% de los hogares monoparentales y que el mayor porcentaje de estos hogares se da entre los deciles de menores ingresos, podemos afirmar que la flexibilización del programa afecta más a las mujeres. En este sentido, si bien los hogares monoparentales representan el 27% de los hogares con menores, cuando se consideran solamente los hogares pobres, el porcentaje de hogares monoparentales asciende 66%. Y aquí se observa el dato más relevante en términos de feminización de la pobreza: del total de hogares pobres con menores a cargo, el 60% tienen jefatura femenina.

1 Datos REM Banco Central de última publicación de noviembre de 2018.

2 ttp://centrocepa.com.ar/informes/123-precios-cuidados-analisis-de-las-caracteristicas-y-modificaciones-en-el-programa-durante-el-periodo-octubre-2015-octubre-2018.html

3 http://centrocepa.com.ar/informes/126-diciembre-2018-fiestas-para-pocos.html

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