En lo que ya es claramente una estrategia mediática dictada desde los gobiernos de la Nación y la Provincia de Buenos Aires, el intendente de Quilmes, Martiniano Molina, justifica una vez más su falta de gestión, de obras y de un plan de gobierno en la “herencia recibida”. Si bien ya nos referimos a esta falacia (http://felipevallesequilmes.com/2015/12/20/molina-le-miente-al-pueblo-de-quilmes/) no podemos dejar que el jefe comunal les siga mintiendo a los quilmeños.
Tras volver a pedir “paciencia” a los vecinos que esperan que el Municipio se ponga en marcha, dijo el intendente mentiroso que: “recibimos una herencia muy pesada, con un municipio que administrativamente y burocráticamente está armado, para mí, para la no gestión, porque en definitivamente lo que vemos en la calle, más allá de alguna áreas que han podido trabajar relativamente bien, en general la problemática invade todo el territorio”.
En primer lugar, hay que avisarle a Molina que la administración de un municipio se rige por leyes provinciales, no las “arma” cada gobierno. Además, el cocinero se contradice a sí mismo ya que, según su parecer, hay áreas que han podido trabajar bien. ¿Esas áreas se rigen por un sistema diferente? ¿O el famoso equipo de profesionales de Cambiemos anunciado en la campaña electoral no sabe confeccionar una orden de compra? La ley orgánica por la que se rige el municipio es la misma en los 135 municipios de la provincia y solo resulta engorrosa para aquellos que quieren evitar los controles y la transparencia.
¿Dónde están los “equipos técnicos” de Cambiemos que venían con su sabiduría inmaculada a dar vuelta la ciudad? Si Molina necesitó más de 4 meses para confeccionar el organigrama (otra mentira: el actual tiene más cargos que el anterior, cuando dijeron en campaña que estaba sobredimensionado) está más que claro que aquellos equipos eran inexistentes. Hoy el gabinete municipal está compuesto en un 80 % por ex funcionarios de la Alianza y del gobierno de Fernando Geronés, y el resto por amigos y familiares sin ningún tipo de experiencia ni antecedentes profesionales que estén a la altura de la responsabilidad del cargo que ocupan. No es lo mismo manejar una panadería o vender rúcula en una feria ecológica que estar a cargo de las cuentas de un municipio de 600 mil personas. Tampoco es lo mismo hacer un mapa en google que manejar la política de seguridad, ni negociar un contrato con el canal El Gourmet que planificar las obras de la ciudad.
“Se viene una gestión totalmente diferente”, dijo el Secretario Legal y Técnico, Guillermo Sánchez Sterli. Tiene razón. El gobierno de Gutiérrez no formaba parte de una administración nacional que lleva adelante un ajuste brutal ni pretende hipotecar el futuro de nuestros hijos sino de un modelo de inclusión y justicia social. Por eso nunca tuvo un jefe de gabinete que haya sido funcionario de la dictadura, ni despidió masivamente ni persiguió ideológicamente a los trabajadores municipales. Tampoco tenía el cinismo de invitarlos a desayunar al mismo tiempo que otorgaba un aumento miserable y vulneraba sus derechos.
La estrategia de la “herencia recibida”, al ser una mentira, también tiene patas cortas. Como los afiches de las 7 mil lámparas y las 35 plazas, dos anuncios inverosímiles, inexistentes para el vecino que espera más de un jefe comunal que pintar un palo de luz para las cámaras los sábados a la mañana. La campaña electoral hace meses que terminó. Quilmes no se gobierna por facebook ni los medios de comunicación. Es hora de dejar atrás las excusas y las mentiras, sacarse menos fotos y ponerse a trabajar en serio por los vecinos de la Ciudad.



















