Preguntas para comprender la elección que viene

(Por Christian Skrilec)

La geografía de la elección está claramente delimitada por un par de palabras: incertidumbre y apatía. A ellas se suma, como combustible o como consecuencia, una campaña evidentemente mediocre.

En este marco que configuró la pandemia y la crisis social y económica, podemos hacernos algunas preguntas para intentar comprender lo que viene. En este sentido, es bueno recordar que lo que viene el próximo fin de semana son las PASO (Primarias Abiertas Simultaneas y Obligatorias), que es una elección que define el orden de las candidaturas en los partidos que tienen disputas internas y pone un límite a la participación de fuerzas minoritarias para la elección de noviembre. Además, las PASO, ofician como una gran encuesta nacional, seccional y distrital, que sin dudas condiciona la acción política de todos los participantes hasta la elección general. La aclaración es sustancial, porque la elección del 12 de septiembre es importante y relevante, pero no definitiva.

Hecha la aclaración, vamos con las preguntas.

¿Cuánta gente va ir a votar?

La circulación, la vuelta a buena parte de las actividades recreativas, el retorno de la presencialidad en las escuelas y en los ámbitos laborales, exhiben que el temor al contagio de Covid 19 no aparece como un impedimento para la concurrencia a las urnas. Por otra parte, las preocupaciones cotidianas de todo tipo pero principalmente las provocadas por la angustia económica, sumadas al creciente desencanto con la política y a una campaña electoral que no motiva, parecerían indicar una caída en la participación. Los antecedentes de Salta y Tucumán no fueron buenos pero tampoco catastróficos. El ausentismo y el voto en blanco son una preocupación para la política, el primero por el desinterés o la indiferencia, el segundo por la decepción y la falta de opciones.

Muchos analistas y políticos creen que en esta semana la ola electoral terminará por arrastrar a los votantes a las urnas y que los porcentajes de participación estarán en valores normales igual que los de los votos blancos. Pero este es un rubro a prestarle atención, sobre todo de cara a noviembre, cuanto menos gente participe o vote en blanco en las PASO, más gente habrá para ir a buscar y convencer en las elecciones generales.

¿El que votó a Juntos por el Cambio en el 2019 tiene razones para dejar de votarlo?

Esta es la pregunta que necesariamente entusiasma a la oposición. Permítaseme un análisis radicalizado: con la crisis económica que comenzó simbólicamente en diciembre del 2017 y efectivamente en marzo del 2018, el gobierno de Macri se despedazó. Los ajustes de tarifas y la caída del consumo de la primera etapa de su gobierno no pasaron de anécdota cuando todo se vino abajo. Inflación, devaluación, industricidio, caída del consumo y pérdida de puestos de trabajo eran algunos de los componentes elementales con los que se presentaron, tanto Macri como los suyos, a buscar la reelección. En ese contexto de catástrofe y de gobierno fracasado, obtuvo más del cuarenta por ciento de los votos, Vidal perdió por paliza en la Provincia pero aun así varios intendentes lograron retener sus municipios.

Entonces, si espanto de por medio sumó esas voluntades, ¿por qué ahora conseguiría menos? Es difícil ensayar respuestas. Las posibles giran en torno a que es una elección legislativa y esos votantes buscarán posiciones más duras, que es probable; o que otros votantes hayan llegado a la conclusión que las políticas macristas son la madre de toda crisis, improbable. El espacio de Juntos, ahora reforzado por la interna radical-PRO tiene un piso de votos considerable. ¿Ese piso alcanzará para dar pelea en la Provincia?

¿El que votó al Frente de Todos en el 2019 tiene razones para dejar de votarlo?

Esta es la pregunta que inquieta al oficialismo y que sólo se salda con otra pregunta: ¿el votante del FtD del 2019, considerará la pandemia como un factor determinante para los serios inconvenientes que tiene la política oficialista?

El voto duro, el voto a Cristina, va a acompañar. No importa que Alberto Fernández no sea el presidente idealizado o que los problemas heredados de la gestión anterior no tengan atisbo de solución concreta. Los problemas del peronismo-kirchnerismo se solucionan con más peronismo-kirchnerismo. Pero el resto, ese porcentaje del electorado que va y viene al ritmo de sus necesidades,  que logra determinar elecciones impensables como la de Esteban Bullrich contra Cristina Fernández en el 2017 y que dos años después alimenta el triunfo arrasador de Axel Kicillof sobre María Eugenia Vidal, es la variable a tener en cuenta.

Esos son los electores que pueden encontrar innumerables razones para dejar de votar al gobierno, desde la inflación galopante hasta el festejo de cumpleaños de la primera dama, y complicar la elección oficialista. Estos votantes frustrados, ¿caen en la polarización, buscan otras opciones o simplemente no votan o votan en blanco?

¿Hay un “fenómeno” libertario?

Es posible que la locura de Javier Milei cuaje en CABA, pero cuesta más creer que José Luis Espert sea una alternativa en Florencio Varela. Una cosa es el fenómeno mediático publicitado en medios tradicionales reivindicado en redes sociales, y otra muy distinta un fenómeno electoral que sume voluntades. También hay diferencias evidentes entre centros urbanos, conurbano e interior.

¿Los libertarios le quitan votos a Juntos? Sin dudas, ¿Cuántos y a dónde? La respuesta es apenas especulativa, guiados por las encuestas los números varían desde un par de puntos a una decena.

¿La izquierda y Randazzo son opciones de peso?

Que son opciones no hay dudas, pero su peso es relativo. La izquierda, que además de las divisiones inevitables también enfrenta una interna, necesita del empuje que siempre recibe en las elecciones legislativas o de medio término. Después de cuatro años de pelea abierta y constante con el “macrismo”, denunciando a su vez los acuerdos del gobierno con sectores peronistas, en el 2019, no pudo o no supo capitalizar en las urnas todo ese esfuerzo. Sus métodos reactivos y un discurso recurrente y ortodoxo alejan a sectores que muchas veces tienen ganas de expresar su bronca con un voto a la izquierda. Esta elección les trae el riesgo de estancarse y ver como sectores que están en las antípodas ideológicas toman relevancia.

Lo de Florencio Randazzo es una apuesta simple. Sueña con las ilusiones frustradas de un sector del electorado con inclinaciones peronistas, con el que votó a Alberto pensando en que se rebelaría contra Cristina, con el comerciante que no soportaba más la política económica de Macri y creyó que el Frente de Todos la revertiría, con el que perdió su trabajo con Cambiemos y no lo puede recuperar con Fernández, etcétera. ¿Es Randazzo una opción más allá del fastidio de algunos peronistas?

Más preguntas y respuestas

Obviamente que pueden hacerse innumerables preguntas con diferentes respuestas, aunque las mencionadas hasta aquí parecen ser las más elementales y las más necesarias para pensar y comprender la elección que se viene. Pero más allá de toda especulación e interés, la respuesta siempre está en el voto y la sumatoria, en la voluntad y la decisión de las mayorías.

Prepárense para una guerra de análisis y de interpretaciones, una elección, como se mencionó al principio, que parece adjetivada por la apatía y la incertidumbre, probablemente no obtendrá resultados certeros y de tendencia definitiva. Para ello habrá que esperar a noviembre, mientras tanto habrá que seguir tratando de formular las preguntas correctas para obtener la respuesta adecuada.

Gracias por leer.

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