Como la grieta dinamitó la paz política en Avellaneda

Las primeras semanas de la pandemia mostró algo atípico en las fotos de los últimos años de la política local, el intendente Jorge Ferraresi convocó a concejales y referentes de Juntos por el Cambio, con los que hasta hace meses cruzaban agravios, para trabajar en conjunto contra el virus. No duró mucho, la grieta rápidamente dominó la agenda, las quejas y reclamos de un sector oposición dispararon la política auto protectora municipal y se cortaron los lazos. La relación no mejora en el Deliberante, desde donde se había impulsado las reuniones, donde el Frente de Todos impone su mayoría sin dejar pasar las críticas.

En encuentros semanales, dialogaban sobre cómo encarar la pandemia, la situación social en los barrios y hasta sobre seguridad. Eran algunos de los puntos que el Jefe Comunal, que se impuso por el 61 por ciento de los votos en la última elección, llevaba a la mesa con referentes opositores. Mientras en las últimas semanas las diferencias entre ambos espacios se han mostrado cada vez más notorias, acompañando la situación a nivel nacional.

Los primeros roces comenzaron con reclamos de la oposición que el Gobierno tomó a pecho. El Municipio había organizado repartir comida en barrios junto con varios dirigentes y les enviaba bolsones de comida. Críticas por la calidad y cantidad de la comida empezaron a hacer ruido, sin embargo todo se desmoronó cuando desde el radicalismo señalaron que la Comuna necesitaba de Juntos por el Cambio para llegar a los barrios.

En medio, el articulador de los encuentros, el entonces presidente del bloque del Frente de Todos en el Concejo Deliberante, Pablo Vera, dejó el legislativo local para ocupar un cargo nacional en el Ministerio de Seguridad. Hombre de acuerdos había insistido en ampliar la mesa. Sin nadie que empuje esa posición el Gobierno de Ferraresi volvió a cerrarse en si mismo.

En medio tuvo que soportar críticas por el brote en Villa Azul y la escalada de casos de coronavirus que sufrió el distrito en los primeros meses de pandemia. Según los números actuales, hoy Avellaneda es uno de los distritos del conurbano que ha podido estabilizar la curva y se sostiene en una meseta de contagios.

Terminados los encuentros, el Concejo Deliberante se convirtió en el nuevo escenario para los enfrentamientos. Con una abrumadora mayoría de dos tercios el oficialismo controla el legislativo local sin que se escape ni una crítica. Nada se trata ni se aprueba sin el consentimiento del presidente del cuerpo Hugo Barrueco, el hombre más cercano a Ferraresi. Con la mayoría de las comisiones presididas por peronistas, los pedidos de informes duermen la siesta eterna y nunca ven la luz del recinto. La oposición, con ocho votos, se contenta en discutir lo que el propio Gobierno lleva al trámite legislativo, y no sin causar algunos enojos.

Las últimas dos sesiones, sin temas de peso para tratar, las discusiones cayeron dentro de la grieta, en la que los dos espacios que hoy tiene representación aprovecharon para descargarse que terminó con cruces calientes entre Héctor Villagra, actual titular del bloque del Frente de Todos y dos de los ediles de Juntos por el Cambio, Lucas Yacob y Fernando Landaburu.

No hay fecha para volver a los encuentro. Se suspendieron los últimos, el oficialismo no convocó, supuestamente, por falta de temas. La última orden del día tenía 5 proyectos salidos de las comisiones. La pandemia paralizó la actividad legislativa y lo hace funcionar como un anexo del Ejecutivo que sólo tiene que convalidar convenios.

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