Las pesadillas de los intendentes de la región

(Por Christian Skrilec)

El regreso de turistas sospechados de importar el coronavirus a los barrios de los sectores acomodados del conurbano empieza a ser una simple anécdota. La pareja de septuagenarios recién llegada de Europa que se paseaba por el centro de Adrogué, o la familia que retornó de sus vacaciones en Brasil y salió a hacer compras por la “lanusita”, ya no inquietan a los gobierno locales.

Las pesadillas de los intendentes del conurbano son otras y se agravan con el paso de los días. La cuarentena dictada por el gobierno de Alberto Fernández goza de un éxito relativo, su cumplimiento se relaja de los centros hacia la periferia, donde en algunos barrios es nula.
Los Jefes Comunales saben que si el coronavirus se extiende en los barrios periféricos el crecimiento de los afectados será incontrolable, y todo el aparataje sanitario que se está construyendo contra reloj será insuficiente. Al inicio de esta semana, comenzó a tomar forma la idea de aislar a los barrios en vez de a los vecinos que los integran. Hay intendentes que ya manifestaron su oposición a una medida de esas características, por las posibles consecuencias sociales y políticas que tendría.

La complicación es que el poder de convencimiento del Estado y la predica de referentes territoriales (políticos, curas, organizaciones sociales), no alcanzan para convencer a vecinos que están habituados a vivir en pésimas condiciones de permanecer en sus casas. El problema es cultural y psicológico, y la solución necesita de tiempos con los que no se cuenta.

La pandemia no sólo potenció las dificultades sanitarias preexistentes en el conurbano, además desnudó las falencias del aparato estatal. No es nuevo que los hospitales tengan problemas de infraestructura, de insumos y de personal, pero bajo la lupa de la pandemia y sus consecuencias los problemas se vuelven tragedias.

Se puede afirmar que los Intendentes están haciendo todo lo que tienen a su alcance para enfrentar el pico de contagios, pero no quiere decir que alcance para sobrellevar el punto máximo de la crisis sanitaria.

En este marco, la pobreza que arrastra el conurbano juega un rol fundamental. El gobierno nacional viene encadenando anuncios para que los vecinos no caigan en la desesperación económica, mientras que la Provincia y los municipios organizan el reparto de alimentos a los sectores más vulnerables. Pero la cuarentena, y su casi segura prórroga hasta mediados de abril, ahorca económicamente a varios sectores de la sociedad que se venían sosteniendo con las uñas para no caerse.

Las consecuencias de la extensión de la cuarentena, sanitariamente necesaria, puede ser el golpe final para innumerables pymes y comercios, con la consecuente pérdida de empleo y crecimiento de la pobreza. Vale la pena recordar que antes del virus, las cifras de la pobreza en los distritos del conurbano sur superaban cómodamente el 40 por ciento que promedia la Provincia. Un ejemplo es Quilmes, que según afirmó su Intendenta, la pobreza supera el 50 por ciento en el distrito.

Es previsible que los niveles de la recaudación provincial caigan en los próximos meses, lo que puede complicar el envío de coparticipación a los municipios. Ni que hablar de la recaudación por tasas municipales. En Florencio Varela, donde solo poco más del 25 por ciento de los vecinos pagaron las tasas el año pasado, es presumible que esta crisis deje al municipio sin capacidad operativa en algunos rubros si no consigue la asistencia necesaria.

En síntesis, y para no aburrir con innumerables desgracias y pronósticos negativos, es imposible que los Municipios de la región superen la crisis del coronavirus sin la asistencia del gobierno nacional. Asistencia que será reclamada por provincias, empresas, sindicatos y cuanto actor social se nos ocurra, la pregunta es si la Nación tendrá la capacidad para brindarla.

La enfermedad es espantosa y nos pega en medio de una crisis que ni siquiera daba indicios de recuperación. El desafío es que la cura no deje al conurbano sin recuperación posible por muchos años. Los intendentes lo saben, y tienen pesadillas.

Gracias por leer.

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