Kicillof y el tamaño de la maceta

(Por Christian Skrilec)

El escritor y periodista Jorge Asís suele afirmar que “hay dirigentes que tienen menos territorio que una maceta”. La frase gusta y es simpática para definir a un sin número de dirigentes políticos que la suerte beneficia con un cargo de responsabilidad territorial y acaban perdiéndose en naderías teóricas y  burocráticas. La falta de territorialidad suele asociarse a la falta de experiencia, la escasez de militancia barrial, y el poco contacto con la realidad cotidiana. Cambiemos nos regaló centenares de funcionarios, electos o designados, con estas características.

En el conurbano, como en casi cualquier rubro, la definición de territorialidad se amplía y se complica, y se mezcla con el arte de hacer política y el conocimiento de sus mecanismos más obscuros. El territorio se vuelve una ciénaga donde conviven animales inescrupulosos, necesidades ultrajantes y ambiciones desmedidas.

En este contexto, es donde la afirmación de que el gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, no tiene territorio, no es un antojo, sino una perogrullada. No confundirse, Axel tiene militancia, tiene política, y tiene experiencia en la administración pública. Tres valores claves, el problema es que fueron formados y desarrollados en un contexto absolutamente diferente.

La primera ocurrencia del lector fan de “Kici-love”, será indudablemente que la ex gobernadora Vidal también venía de otro planeta y con muchos menos pergaminos que Axel, idea que es acertada. Pero la primera respuesta que surge es la frase que circuló en los pasillos de la Legislatura el día que el actual Gobernador fracasó en su intento de aprobación de la Ley Impositiva: “Hasta Vidal era más viva”.

El peronismo bonaerense es cruel. Creer que ese día, el del fracaso legislativo, fue Cambiemos el que festejó, es desconocer las estructuras de poder de la Provincia. Los amarillos eran los menos contentos, mientras que todo el arco peronista, desde el PJ hasta el “massismo” y desde “La Cámpora” hasta los intendentes, disfrutaron que Axel y los suyos se la “pusieran en la pera”.

Y aquí otro de los problemas que hacen que el territorio se vuelva más hostil. Los suyos, que son los Bianco (Jefe de Gabinete), los Thea (Secretario General), los Costa (Secretario de Producción), y tantos otros que lo acompañan, no pueden ser cuestionados por su capacidad, su formación o su compromiso, pero ninguno está acostumbrado a caminar en el barro. Los únicos ministros “barreros” de la administración bonaerense, Sergio Berni y Teresa García, entraron al gabinete por la ventana.

Hoy, la provincia de Buenos Aires, en lo que al oficialismo se refiere, tiene tres vectores de poder claramente divisables: La Cámpora y la jefatura del kirchnerismo bonaerense de Máximo Kirchner; los intendentes y sus entramados inagotables; y Sergio Massa con su fluctuante Frente Renovador y el sospechado apoyo del Ejecutivo Nacional. En el armado de su gobierno, Axel Kicillof prescindió de esas tres patas, y se sustentó en el resultado electoral y en la bendición de Cristina. Las consecuencias pueden ser inquietantes.

Por otra parte, lo que denominamos territorialidad, no ha sido garantía de buenas gestiones, hecho  que le daría a Kicillof un argumento sólido para gobernar sin ella. Pero la verdad es que la Provincia siempre está al borde de implosionar producto de su cotidianeidad. Todos los días se cae el techo de una escuela, todos los días a un policía se le escapa un tiro, todos los días un chico llega a una unidad sanitaria en estado incomprensible, todos los días alguien quiere hacer un negocio impertinente, y todos los días pasa de todo, literalmente. Uno tiende a creer que el conocimiento del territorio y sus incidencias es lo que nos salva del desastre. Cambiar la derruida matriz bonaerense no es la tarea de un grupo de iluminados, sino de un largo proceso de transformación que llevará décadas una vez que se encuentre el camino.

Mientras tanto, Axel, quien deberá decidir si agranda el tamaño de la maceta y acepta meter los pies en el barro para encontrar ese camino, y como suelen repetir el oficialismo hasta el hartazgo: “poner la Provincia de pie”.

Gracias por leer.

 

*Publicado en la edición Nro. 959 del semanario “El Suburbano”.

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