Los municipios del conurbano ganaron la Provincia y la Nación

(Por Christian Skrilec)

Seamos tan pragmáticos como se pueda, el resultado electoral lo exige. En números aproximados, redondeando como en almacén de barrio, Alberto Fernández superó a Mauricio Macri por unos dos millones de votos. Un millón cuatrocientos mil votos de esa diferencia se produjo en la provincia de Buenos Aires, más específicamente en las secciones electorales Primera y Tercera, esto es, el nunca bien ponderado conurbano. En la Segunda, el Frente de Todos se impuso por un puñado de votos, mientras las otras cinco quedaron en manos de Juntos por el Cambio.

En la primera sección Fernández superó a Macri por 500 mil votos, ésta sola sección (que incluye distritos como Vicente López y San Isidro donde el oficialismo permanece fuerte y victorioso, también se encuentran distritos populosos como Merlo y Moreno), se iguala toda la ventaja que pudo conseguir el Frente de Todos en el resto del país.

En la Tercera Sección, con el aporte inapelable de La Matanza, distrito que por sí sólo aportó 300 mil votos de diferencia, Alberto Fernández consiguió una ventaja de un millón de votos, el golpe de Knockout, la carta ganadora.

Mientras tanto, Fernández habla de federalismo, concurre a la asunción de Juan Manzur en Tucumán, y asegura que va a gestionar por y para los gobernadores. En Tucumán, una de las provincias que mayor diferencia aportó a favor de Alberto Fernández después de Buenos Aires, el Frente de Todos aventajó a Juntos por el Cambio en 240 mil votos. Mucho menos que La Matanza.

Pero ese es un ejemplo fácil. Tomemos Catamarca, donde la diferencia a favor del Frente de Todos es menor que la que se obtuvo en Berazategui, o Corrientes, donde esa diferencia de votos a favor de Fernández es apenas la mitad que la obtenida en distritos como Almirante Brown o Lomas de Zamora. Me pregunto si el nuevo Presidente participará de las asunciones de Mussi, Cascallares o Insaurralde, o preferirá ir a la asunción de los gobernadores de Todos que fueron claramente derrotados en la elección presidencial.

Néstor Kirchner, que entre otras cosas reformuló el peronismo permitiéndole ejercer el poder por doce años consecutivos, hizo oportunamente la misma cuenta que nosotros estamos haciendo ahora. No le costó demasiado entender la importancia del conurbano y la provincia de Buenos Aires, y mantuvo un trato directo con los intendentes desde el primer día. Obviamente, Néstor sabía perfectamente que había logrado llegar a aquel ballotage que nunca se realizó frente a Carlos Menem en el año 2003, gracias a la maquinaria electoral que Eduardo Duhalde había creado en el conurbano.

Ahora bien, si el conurbano y los intendentes son la clave para entender el triunfo de Fernández en la Nación, trasladémoslo a la Provincia de Buenos Aires. Axel Kicillof, aunque no quiera ni le guste, deberá establecer una relación amena con quienes garantizaron su triunfo, que además, desde las PASO, lo miran con recelo.

Kicillof es el quinto gobernador consecutivo que llega a La Plata sin poder territorial, en su misma situación llegaron Carlos Ruckauf, Felipe Solá, Daniel Scioli y la actual gobernadora María Eugenia Vidal. En mayor o menor medida todos sufrieron sacudones con los Barones del conurbano.

Seguramente molestos por la falta de diálogo y recepción a sus pedidos, por estas horas algunos intendentes han hecho trascender un comentario malicioso: “Donde Axel hizo campaña perdimos”. En clara referencia a las recorridas de Kicillof por el interior de la Provincia. Cuestión que no es del todo cierta, ya que en esas secciones electorales se acortó la diferencia que Vidal había sacado en el 2015. Pero también es verdad que donde el “kirchnerismo” duro impulsó candidatos sin anclaje  territorial, Juntos por el Cambio logró retener las intendencias. Las derrotas de Edgardo Depetri en Lanús y María Fernanda Raverta en Mar del Plata son un claro ejemplo de ello.

La relación entre el Presidente y el gobernador de la Provincia de Buenos Aires, y la de ambos con los intendentes del conurbano será fundamental  para la estabilidad política. Siempre teniendo en cuenta un dato clave e insoslayable: digan lo que digan, protesten o pataleen, hace una década que los Barones se rinden ante Cristina.

Gracias por leer.

 

*Publicado en la edición Nro. 952 del semanario “El Suburbano”.

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