Un intendente empoderado como nunca

(Por Christian Skrilec)

El próximo intendente de Quilmes gozará de las condiciones objetivas para convertirse en el Jefe Comunal con mayor poder del que tengamos memoria. Sea la candidata del Frente de Todos, Mayra Mendoza, la nueva intendente; o sea Martiniano Molina quien logre la reelección, obtendrán una posición privilegiada para ejercer su mandato.

Con la matemáticas en la mano y más de 20 puntos de diferencia entre la suma de los candidatos de la interna del Frente de Todos y el candidato de Juntos por el Cambio, Mayra Mendoza camina el tramo final de la campaña sabiéndose favorita.  La preocupación de su entorno radica más en cómo se conformará el gabinete a partir del 10 de diciembre que en los avatares de la elección del 27 de octubre.

Mayra empoderada

Si el resultado más probable se confirma y Mayra es intendente, o mejor dicho, intendenta, se encontrará con un mapa político de Quilmes muy diferente al que estamos habituados. La convulsionada interna peronista que lima los gobiernos de su propio signo está agotada. Los denominados “popes” políticos de la ciudad están en retirada. La influencia de Ángel Abasto ya no es decisiva ni determinante. Federico Scarabino consumió sus cuestionables  atributos en su relación con Cambiemos. Eduardo Camaño gastó sus últimas fichas apostando erróneamente al senador Pichetto.

Los otros dos actores que podrían condicionar un gobierno municipal de Mayra son Francisco “Barba” Gutiérrez y Aníbal Fernández. En ambos casos, dependen de la bendición de Alberto Fernández para seguir en carrera.

La situación del Barba aparenta ser la más favorable hacia afuera por la relación que él y Evangelina Ramírez supieron construir con Alberto Fernández en su etapa “randazzista”. La posible inserción de Florencio Randazzo a un gobierno del Frente de Todos los fortalece. Además, Gutiérrez sigue siendo parte fundamental de la UOM. Pero en lo local la cosa se complica, el Barba acumula demasiadas derrotas y las últimas muy duras. Perdió el distrito a manos de Molina en el 2015, y tras el fracaso del  2017, salió tercero en la interna de “Todos”.

Por ahora Aníbal Fernández no aparece en la foto de un gobierno de Alberto en la Nación ni de Axel Kicillof en la Provincia de Buenos Aires, lo que no quiere decir que no reciba algún tipo de recompensa vinculada a la administración del Estado, pero siempre fuera de los primeros planos. Se  especula con la inserción de propia tropa en esos gobiernos, fundamentalmente en las segundas o terceras líneas. Si Aníbal Fernández no se fortalece arriba, aquí abajo, lo suyo se debilita gravemente.

En síntesis, no hay interna, no hay presiones. Para entenderlo, mientras gobernó la ciudad Sergio Villordo con el apoyo de Aníbal en el Ministerio del Interior, el presidente de la Cámara de Diputados (Camaño) y el Ministro de Gobierno bonaerense (Scarabino), jugaban en contra. Gutiérrez tuvo oposiciones similares. Mayra no tiene esos fantasmas enfrente.

Es más, a ojos vista, el único emergente de este nuevo orden local puede ser Daniel Gurzi, quien llevado por Santiago Cafiero, podría terminar en la mesa que maneje la relación de los Municipios con el Gobierno Nacional. Pero hay que tener en cuenta que tanto Gurzi, como su socio político Ángel García, se aliaron con Mendoza en tiempos de las PASO.

Vale la pena insistir, desde el retorno de la democracia, nunca un intendente tuvo un escenario tan propicio para su crecimiento político.

El milagro de Molina

Hicimos referencia a la confianza de Molina en revertir la elección en notas anteriores. Buena parte del gobierno empieza a creerle y lo acompaña con fervor.

Si Molina consuma el milagro de la reelección, su volumen político se multiplicará de una manera colosal. Tener un presidente y un gobernador de otro signo político apenas significará un incordio, porque localmente se habrá llevado puesto a todo y a “Todos”, incluidos a Macri a Vidal y a Cambiemos.

Enfrentaría a una oposición localmente devastada y sin referentes, que necesitaría más que dos años para recuperarse de semejante golpe.  Municipalizar la elección al punto que lo quilmeños dejen de votar en sintonía nacional como lo hacen históricamente, sería un logro que lo volvería invulnerable por largo tiempo.

Gracias por leer.

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