Para una correcta lectura del resultado electoral

(Por Christian Skrilec)

La emoción transformó a la política en grieta y cambió el análisis en un arte transformista que hace coincidir la interpretación con las necesidades del cliente, el lector, y el político que este de turno en nuestros favoritismos.

La vedad es que los datos, en este caso los cómputos electorales, pueden mostrarse más duros que cualquier alquimia interpretativa. Para poner en práctica lo que se plantea en estas líneas,  tomemos en consideración algunas de las frases más repetidas por cualquier analista político en estos días: “El gobierno de Macri aspira a que la diferencia con el Frente de Todos no sea mayor a cinco puntos para revertirlo en octubre”, o “si el gobierno pierde por tres o cuatro puntos en agosto seguramente será reelecto”,  o “las PASO son nada más que una gran encuesta que no define nada”.

Todo esto puede ser cierto, pero esa certidumbre depende de un escenario relativo que le dé sentido, y el primer punto a tener en cuenta es la participación en las PASO (Primarias Abiertas Simultaneas y Obligatorias) del 11 de agosto, porque los números de la última elección a gobernador, fueron los que crearon este margen interpretativo.

Repasemos, en las PASO de la provincia de Buenos Aires del año 2011, votó el 79,47 por ciento del padrón (8.860.421 electores), y en las elecciones generales esa cifra ascendió al 80,84 por ciento del padrón (9.015.590 electores). La diferencia de participación fue de unos 156 mil votantes, aproximadamente el 1,4 por ciento del padrón. La incidencia en el resultado final fue nula.

En cambio, en el 2015, la diferencia de participación fue uno de los ejes que afectaron el resultado entre las primarias y las generales. En agosto del 2015, en la provincia de Buenos Aires, concurrió a votar el 74,25 por ciento del padrón (9.230.368 electores), mientras que en las generales de octubre, la participación ascendió al 80,48 por ciento (10.003.443 electores).

Esos 700 mil votos de diferencia, más la polarización entre los por entonces denominados Frente para la Victoria y Cambiemos Buenos Aires, fueron los que crearon un verdadero sacudón electoral. El FpV, que en la suma de su interna había alcanzado el 40,4 por ciento de los votos (3.303.812 electores), por efecto de la participación y el corte de boleta cayó al 35.28 por ciento (3.230.789 electores). Mientras que Cambiemos que en las PASO había obtenido el 29,95 por ciento (2.449.078 electores), ascendió al 39,42 por ciento del total de los votos (3.609.312 electores).

Con estos antecedentes, digamos que el juego de la posible modificación del resultado entre una elección y otra está abierto, pero la verdad es que depende del escenario que se constituya y no de la tendencia que se quiera imponer desde un análisis tendencioso. Ahora imaginemos el siguiente resultado del total de votos positivos en las elecciones de agosto: Frente de Todos 44 por ciento, Juntos por el Cambio 40, Consenso Federal 8, la izquierda 5, y el resto de las fuerzas 3 por ciento. Digamos que la participación es de un 78 por ciento de los electores.

Aquí están los famosos 4 puntos de diferencia a los que supuestamente aspira el gobierno, no obstante, se puede afirmar que el resultado es irreversible. En este caso la polarización está desatada en agosto, y su margen de profundización es bajo, sólo podrían sumarse a los sectores mayoritarios el 50 por ciento de los votos de Consenso Federal y el resto de las fuerzas, entre las que no contaríamos a la izquierda por tener un voto netamente fidelizado. También podría sumarse una mayor participación, digamos, que supere cómodamente el 80 por ciento. Así las cosas, y otorgándole una relación de 70 a 30 a favor de Cambiemos, la matemática demuestra que no alcanza para revertir el resultado.

En conclusión, el resultado electoral de agosto puede ser definitivo o no, y para una correcta lectura del mismo se deben tener en cuenta una serie de vectores: participación, resultado de disputas internas,  proyección de cortes de boleta, y por supuesto, la diferencia entre la cantidad de votantes. La especulación tendenciosa podrá ser posible, pero sólo si los números lo permiten.

Gracias por leer.

*Publicado en la edición Nro. 940 del semanario “El Suburbano”.

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