Metafísica de la campaña

(Por Christian Skrilec)

Posiblemente los aliados más poderosos del  “Frente de Todos” sean  la realidad y el presente. “Esto es real, no es sarasa”, dice el presidente Mauricio Macri mientras golpea el asfalto con la palma de la mano en alguno de sus spots. Además del asfalto, también son reales la desocupación y la pobreza creciente, la inflación y la devaluación, la baja en la calidad de vida, y otras desgracias que hemos padecido en este tiempo. Son tan reales que las confirma el propio gobierno cuando da a conocer cualquiera de las mediciones, que por suerte, ha transparentado. Respecto al presente, digamos que es duro.

Si trajéramos un analista o un veedor extranjero, y lo proveyéramos de esos datos reales, de la información dura que reúnen las universidades, los centros de estudios y el propio INDEC, y le pidiésemos que evalúe las posibilidades electorales del oficialismo desde un escritorio, nos recomendaría que nunca apostemos por “Juntos por el Cambio”.

Gastamos el tiempo en explicar las paridades electorales de oficialismo y oposición. Observamos la imposibilidad, la tibieza, o la especulación interesada que les impide a las encuestadoras mostrar públicamente datos definitivos. Y vemos como la incertidumbre electoral se va convirtiendo en confusión a medida que se acercan las elecciones. En menos de tres semanas votamos.

Las campañas son importantes, incluso, más importantes que la realidad. No tengo dudas que si el oficialismo tuviera la mitad de la capacidad para gobernar de la que tiene para hacer campaña, viviríamos en un país mejor.

Cambiemos sigue vendiendo futuro, y lo vende como pan caliente. Planchó la crisis hasta darle rasgos de mejoría, explica que los sacrificios valieron y valdrán la pena, asegura haber sentado las bases para un crecimiento sostenido, nos dice que los argentinos “juntos somos imparables”. Profundiza la grieta, ellos son el futuro y el peronismo-kirchnerismo es el pasado, y si ese pasado para vos fue mejor, te refutan diciendo que era mentira.

En este marco, esos poderosos aliados del “Frente de todos”, esa realidad y ese presente que le complican la vida a la mayoría, se desdibujan. Lo peor es que confiados en que ese mal de muchos se transformará en votos, menosprecian  la campaña.

Desde el Presidente hasta el último candidato a concejal del oficialismo replican el mismo discurso. Cuentan la misma historia, unifican el mensaje. La estrategia opositora es heterodoxa y responde dispersa ante el bombardeo mediático y publicitario. La falta de cohesión de las listas de candidatos, las diferencias entre los integrantes del Frente, el rol tangencial de Cristina Kirchner en la campaña y la consecuente ausencia de su liderazgo, son demasiada ventaja.

La oposición no ha resuelto su pasado, el peronismo sigue resentido y el kirchnerismo no supo cicatrizar sus heridas. Tampoco se ha permitido una autocrítica profunda, ni un debate cruento o una interna feroz que le hubieran permitido sanarse como espacio y volverse una opción incuestionable.

Un ejemplo interesantísimo es Máximo Kirchner. El diputado nacional tiene quizás uno de los discursos más sólidos y didácticos de los que puedan escucharse. Por lo presentado en Avellaneda, en Quilmes y en Lanús, no tendría dudas en afirmar que es mucho más claro y contundente que las alocuciones de Alberto Fernández y Axel Kicillof. Pero sus precisas críticas al gobierno son atravesadas por innecesarias diatribas contra los medios y apelaciones a un pasado refutable. El contenido se evapora, se pierde entre esos rencores.

Aunque es cierto que las campañas no apelan a la razón, buscan la emoción, que es en definitiva lo que en este siglo está definiendo el voto de las mayorías. El sentimiento de los votantes se explica a resultado puesto, y todo es válido para conseguirlo.

Hasta ahora, el único eje de campaña en el que acordaron  el “Frente de Todos” y “Juntos por el Cambio”, tiene un éxito rotundo, que es el de disolver las opciones. Mientras hasta hace apenas sesenta días las encuestas divulgaban que más de la mitad de los votantes estaba dispuesta a elegir una opción que no incluyera ni a Macri ni a Cristina, hoy parece que la polarización será la más importante de nuestra historia democrática.

Gracias por leer.

*Publicado en la edición Nro. 939 del semanario “El Suburbano”.

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