Un modelo de gestión para Quilmes

(Por Christian Skrilec)

En este tiempo electoral, pocos recuerdan que el modelo a seguir que se planteó Martiniano Molina cuando asumió como intendente de Quilmes, fue Berazategui, o mejor dicho, el modelo de gestión de los Mussi en Berazategui. El analista mediocre, normalmente emparentado con el político berreta, desarticula la idea y justifica fracasos manifestando que Molina no es Mussi. Pero lo más evidente es quizás lo más importante y lo que la ceguera política impide ver: Berazategui no es Quilmes.

La discusión se retomó en el ámbito político a partir que una de las principales aspirantes a la intendencia, la diputada nacional Mayra Mendoza, confesó estar trabajando en proyectos para la ciudad junto a la gente de Ferraresi, intendente de Avellaneda. Pero Martiniano y Mayra no son los únicos precandidatos que exponen modelos a seguir, la mayoría lo hace como una idea de mostrar lo bien que se hacen las cosas en los distritos vecinos y lo mal que se gestiona localmente.

La hipótesis de estos párrafos es simple: esos modelos no sirven para Quilmes, son impracticables e imposibles, al menos en el corto plazo. Quilmes exige un modelo propio de gestión.

La primera cuestión objetiva para tener en cuenta  a la hora de encontrar diferencias, es la continuidad política. Berazategui es un distrito manejado por los Mussi hace más de 30 años, y su pico de eficacia en la gestión se dio entre el 2005 y el 2015, aprovechando al máximo su relación con el gobierno nacional de entonces. Cuando les llegó la buena, habían pasado quince años planificando, ejecutando, acertando y equivocándose. El caso de Avellaneda es similar, cuando Jorge Ferraresi arribó a la intendencia, había estado 14 años al frente de la secretaría de Obras y Servicios Públicos del municipio, que es el área clave de cualquier gestión. Cuando llegó al poder en el 2009, tenía un conocimiento absoluto del territorio y de la administración pública. Estas continuidades políticas, y con un criterio de gestión, jamás se dieron en Quilmes. El único Intendente reelecto fue Gutiérrez, y dos períodos fueron insuficiente para superar sus errores.

En un país y una provincia sin políticas de estado, la permanencia en los cargos se vuele un valor intransferible. Obviamente que la continuidad no es garantía, Julio Pereyra ha sido un pésimo gestor de Florencio Varela durante décadas.

Por otra parte, las realidades económicas y territoriales se han transformado de manera excepcional en los últimos 20 años. Mientras Berazategui aprovechó su extensión territorial asignándole enormes facciones a barrios cerrados y privados, y algunas otras a la instalación de parques industriales, lo que mejoró sustancialmente su recaudación, en Quilmes se multiplicaron los asentamientos, con la consecuente necesidad de aumentar el gasto en inversión sanitaria y social, sin que la recaudación aumentara al ritmo del crecimiento poblacional.

En un marco similar, las reformas tributarias de Avellaneda, muchas de ellas impulsadas por el propio Ferraresi, hicieron que ese distrito se convirtiera en uno de los tres con mayor recaudación propia del conurbano bonaerense junto a San Isidro y Vicente López. No por casualidad, otros dos distritos de gestión eficaz. En una comparación aproximada, Avellaneda cuenta con un presupuesto de origen propio que duplica al de Quilmes, mientras que sólo tiene la mitad de la población, traducido, hoy Ferraresi tiene el cuádruple de presupuesto por habitante que Molina. Que la gestión sea cuatro veces mejor, si así lo fuera, no debería asombrarnos.

La continuidad política, la situación económica social, las características territoriales, son apenas una parte sustancial de las diferencias entre los distritos. Si bien es lógico que existan políticas comunes,  las particularidades obligan a que las gestiones tengan herramientas y estrategias diferentes. A su vez, estas herramientas y estrategias deben prolongarse en el tiempo para que se tornen eficaces.

Sea que Juntos por el Cambio continúe gobernando, o que el Frente de Todos se haga cargo del distrito, está claro que Quilmes cada vez tiene menos margen para cometer errores, improvisar, o  jugar a la política. Quilmes tiene que buscar un modelo de gestión que lo saque adelante.

Gracias por leer.

*Publicado en la edición Nro. 938  del semanario “El Suburbano”.

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