Martiniano vive

(Por Christian Skrilec)

“El cocinero está muerto”.  Lo aseveran en algún acto de sindicalistas caídos en desgracia, en un flaco plenario opositor, o en una rosca de café. Lo dicen naturalmente, o con el tono de un mayordomo que explica la insipidez del menú a sus señores: El cocinero está muerto.

El cocinero, Martiniano Molina, vive. Si bien es cierto que sus chances electorales fueron menguando al ritmo de una economía devastadora para los sectores medios, los trabajadores y los excluidos, todavía se está lejos de firmar su acta de defunción electoral.

También es lícito preguntarse en que sustentamos su supervivencia cuando deberá arrastrar a cuestas la candidatura presidencial de Mauricio Macri, esa compleja combinación de salvavidas de plomo, malas noticias y metáforas desacertadas. Sumado a que la armadura mediático-política de la gobernadora Vidal no sólo ha perdido brillo sino también invulnerabilidad.

La primera explicación reside en la todavía milagrosa permanencia de Cambiemos en la pelea electoral en medio de un escenario de crisis inagotable. El oficialismo, que viene acumulando derrotas, mantiene un piso de entre 25 y 30 puntos porcentuales, un número que se presume será más bajo en la tercera sección electoral. Pero en Quilmes, existe un núcleo antiperonista que al ritmo de las elecciones nacionales consagró  los gobiernos Vides en el 83, de Geronés en el 99 y del propio Molina en el 2015.

El citado porcentaje, que huele a condenatorio para una elección presidencial o provincial, es un sustento importante para el distrito. Además, es clave poner en valor las dos elecciones, agosto y octubre. En las primarias de agosto el voto puede dispersarse, pero lo más probable, es que si la tercera opción no se consolida, la elección de octubre encaminará al vecino hacia el voto útil, sea oficialista u opositor.

Respecto a la tercera opción, hoy concertada en Alternativa Federal, en Quilmes tiene sus propios daños territoriales que benefician al oficialismo. El candidato más serio y armado de ese sector, es el diputado provincial Fernando Pérez, que por ahora quedó atrapado en la telaraña senil de Roberto Lavagna. El hombre de Sergio Massa en la ciudad, Federico D’Angelo, deberá caminar mucho para conseguir volumen de candidato, mientras que el resto, fluctúa entre el cachivache y el ridículo.

La principal amenaza al oficialismo es el armado kirchnerista-peronista cuya listas nacional y provincial rondan los cuarenta puntos de intención de voto, y difícilmente bajen de esos guarismos. Pero en lo estrictamente local, la interna sigue, pese que algunos militantes le prendan velas al Gauchito Gil rogándole por la unidad.

La candidatura de la diputada nacional Mayra Mendoza fue tomando mayor consistencia en las últimas semanas, fundamentalmente por el guiño presencial de la superestructura kirchnerista, su buena campaña en redes y una continua actividad en los barrios. No obstante, la estructura tradicional del distrito sigue sin sonreírle. Tampoco parecen ceder en sus pretensiones territoriales el ex intendente Francisco “Barba” Gutiérrez, y el ex jefe de gabinete Aníbal Fernández.

También es preciso aclarar que esa idea democratizadora y simpática de la participación de cualquier candidato que se precie de tal, no pasa por ningún filtro. Sea desde el alto mando K, como desde el PJ, se dejó trascender que en caso de desacuerdos es razonable ir a una interna, pero que la existencia de más de dos o tres listas, es un disparate.

El gobierno comunal apuesta que la disputa interna o un consenso forzado debiliten la candidatura opositora sea cual fuera. En sus números, lamentan que el “Barba” no sea el líder opositor, aunque no ven con malos ojos la candidatura de Mendoza, ya que consideran que con Cristina en una boleta, Kicillof en la otra y Mayra en el distrito, es más kirchnerismo del que puede soportar el votante no peronista de Quilmes.

La esperanza de vida política de Molina no está en la inauguración del Metrobus, ni en la evidente mejora de los servicios públicos, su gestión está jugada. La expectativa pasa por una levantada de Macri, la resurrección de Vidal, y la campaña que pueda desarrollar Martiniano, porque el cocinero no está muerto, y por ahora, les sigue cayendo en gracia a muchos votantes.

Gracias por leer.

 

*Publicado en la edición Nro. 933 del semanrio “El Suburbano”.

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