H.I.J.O.S Lanús | La Persistencia de la Memoria

por Veronica Hebe Viggiano, H.I.J.O.S Lanús, Regional Bs. As. En la red nacional de H.I.J.O.S

A 43 años del último golpe de Estado, nos encontramos gobernados por un régimen neocolonial, ultraconservador e inmersos en una democracia fraudulenta que legitima las constantes violaciones de los DD.HH.

Las actuales políticas de retroceso en materia de DD.HH. abarcan también las políticas de memoria, verdad y justicia. Ejemplos sobran: el discurso negacionista desde los distintos poderes del Estado, los beneficios de prisión domiciliaria, otorgados a genocidas condenados por aberrantes delitos de Lesa Humanidad, el intento de la Corte Suprema de otorgar el 2x 1 a estos genocidas, entre otros políticas del espanto.

Pero son los DD.HH. los que implican el trazado de límites al ejercicio del poder político. Por eso es tan importante bregar por la plena vigencia de estos derechos. Sin embrargo, las políticas negacionistas están poniendo en riesgo la preservación del Estado de Derecho y es por ello que es nuestro deber como pueblo con conciencia colectiva mantener en nuestra memoria viva al amplio número de víctimas directas e indirectas que padecieron muertes, desapariciones, torturas y privaciones ilegítimas de la libertad en medio de una indiferencia judicial que aún hoy persiste.

Cada 24 de marzo, reafirmamos simbólicamente la persistencia de la memoria, a través de los miles de carteles con imágenes de nuestros desaparecidos y reivindicamos su lucha por una sociedad más justa, especialmente en estos tiempos en el cual se sostienen las mismas políticas de miseria planificada que en tiempos de dictadura y en donde un gobierno concibe la violencia para proteger la propiedad, inclusive por encima de la protección de la vida.

Dado el panorama político actual, un compromiso que debemos asumir como sociedad es plantearnos nuestras responsabilidades con respecto a mantener viva la memoria, porque sin esta condición sine qua non, difícilmente podamos comprometernos con nuestros problemas éticos y corremos el riesgo de relativizar los conflictos vinculados con la impunidad, la justicia, la corrupción y la muerte.

La última dictadura cívico militar eclesiástica, además del dolor por los desaparecidos ha dejado la sensación de que todo es un presente perpetuo. Es por eso que la persistencia de la memoria permite que el silencio y el olvido no triunfen.

Es nuestro deber recomponer colectivamente la trama social que aún hoy, luego de cuarenta y tres años, continúa dañada. Es nuestra tarea el propiciar el desarrollo de políticas de memoria y el sostener y defender los espacios de memoria existentes.

Tengamos siempre presentes las palabras de Leopoldo Marechal, quien a través de ellas, nos alienta a mantener viva la memoria: “El pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda lo que parece muerto o en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria”.

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