Jorge Marquez| Historia de las Campañas Políticas I

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Por Jorge Marquez (politólogo y docente universitario)

 

 

 

En una interesante postulación, Mario Riorda (2019), sostiene que las plataformas electorales han pasado a ser “piezas arqueológicas”.

La debilitación de los partidos políticos como consecuencia de la hiperpersonalización de los liderazgos, contribuye a que la discusión electoral se vea anclada en el pasado y en particularidades de los candidatos.

Las propuestas, para el autor, no constituirán un elemento fundamental del relato eleccionario: ya no se discuten ideas o proyectos, se exalta lo malo del adversario.

Agregaremos aquí que, de hecho, el contraste entre las promesas y su cumplimiento parece tener una sanción relativa en términos de que existe una luz verde que permite decir cosas que no se cumplen o comprueban.

Las campañas como tales, conllevan para muchos, rechazo y hastío, y más allá de que las elecciones legitiman, la motivación del voto surge efímera y volátil.

Y mientras las redes asumen su protagonismo como vínculo y método indispensable – todavía explorable-, rememoraremos formas de competencias políticas que se observan contrastantes con las desarrolladas por estos días.

Antes de que la televisión fuera un dispositivo central, en el final del S. XIX (Borrini, 2003: 48) aparecía como novedoso el uso de  los nuevos medios de transporte.

Para Félix Luna (1997), la primera campaña en la Argentina la llevó adelante Bernardo de Irigoyen, candidato de la UCR, utilizando el tren.

Irigoyen recorría el país y al llegar a los pueblos hacía gala de la principal herramienta de seducciónde esos días: la oratoria -por entonces, no se concebía que los candidatos leyeran los discursos-.

Si bien su táctica fue innovadora, y no podría afirmar que tomó la idea del norteamericano William Harrison -posiblemente el primero en hacer campaña por ese medio en 1836-, sí, perdió frente al conservador Luis Saenz, Peña en 1891.

Quién no perdió las elecciones llevando adelante un  recorrido de 35.289 kms, fue  Harry Truman, en 1948 (Bennett, 2007). Aquel tren tenía como nombre el de un explorador indómito: Fernando Magallanes.

En términos de nuevos medios, es dable mencionar que para ese entonces, la radio había sido utilizada como herramienta central por Franklin Rooseveltcon sus “Charlas junto al fuego”, en tiempos de la crisis del 29.

Como casos curiosos argentinos, en lo que respecta a desconocer a los discursos como vínculo directo con la audiencia, aparecen los de Hipólito Yrigoyen y Carlos María de Alvear.

Don Hipólito dio por tierra con la consideración del valor  de la oratoria como forma esencial de seducción del electorado. No habló en público, ni siquiera en los “mitines” (por algo era el Peludo, escondido en su “madriguera”de la calle Brasil).

En aquellos días, la maquinaria partidaria del Radicalismo aseguró su éxito electoral en dos oportunidades.

En el caso de Marcelo T. de Alvear (elegido en 1922), no solo no habló, ni siquiera tuvo que “ponerle el cuerpo” a la competencia: Paris fue testigo de su fama de bon vivant, mientras en la Argentina se llevaban adelante las elecciones.

 

 

Fuentes:

Bennett, Williams (2010). América, La última Esperanza, Nashville, Grupo León.

Borrini, Alberto (2003). Cómo se vende un Candidato, Buenos Aires, Crujía Ediciones.

Luna, Félix (1997). Breve Historia de los argentinos, Planeta, Buenos Aires.

Riorda, Mario (2019). El Fin de las Campañas (tal y cómo las conocemos). La Gaceta.                Recuperado de https://www.lagaceta.com.ar/nota/748985/opinion/fin-campanas-tal-como-conocemos.html

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