Aiello – Fernández Scarano | La industria en terapia intensiva

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por Alejandra Fernandez Scarano  (Contadora Pública – UBA) y Juan Aiello (Lic. en Administración – UBA) miembros de CEPA

Los tres años de la Alianza Cambiemos al frente del gobierno nacional han implicado el retroceso de numerosas variables económicas, entre las que vale destacar las correspondientes a la industria. El EMI – Estimador Mensual Industrial – elaborado por el INDEC mide el desempeño del sector manufacturero sobre la base de información proporcionada por empresas líderes, cámaras empresarias y organismos públicos que informan sobre productos e insumos representativos. Los últimos datos publicados dan cuenta que en noviembre de 2018 se registró una baja del 13,3% respecto del mismo mes del año anterior. En el acumulado del 2018, la disminución es de 3,8% con respecto al mismo período del año anterior, de enero a junio creció muy poco, en julio se estancó y desde agosto muestra variaciones negativas todos los meses.

Las empresas que forman parte del relevamiento, ante la consulta sobre las expectativas del período comprendido entre diciembre 2018 y febrero 2019, anticiparon que el 55,4% estima una baja en la demanda interna; el 43,7% de las firmas exportadoras no anticipa cambios en el nivel de las ventas al exterior; el 50,9% prevé estabilidad en la importación de insumos; el 46,1% no espera cambios en los stocks de productos terminados; y por último, el 63,8% no espera cambios en la dotación de personal pero casi un 30% proyectan disminuciones, lo que implica nuevos puestos de trabajo que se pierden.

La mirada por sector nos indica que los más castigados fueron la industria textil con una disminución en la producción del 32,2%; la metalmecánica (excluida industria automotriz) con el -26,2%; productos de caucho y plásticos con una caída del 17,4%; y, por último, edición e impresión con el -16,7%.

Otro importante indicador a la hora de evaluar la situación de la industria es la utilización de la Capacidad Instalada que elabora el INDEC. Este dato mide la proporción utilizada, en términos porcentuales, de la capacidad productiva de los distintos sectores de la industria manufacturera. El relevamiento comprende un panel de entre 600 y 700 empresas y para su cálculo se tiene en cuenta la producción máxima que cada una puede obtener con la capacidad instalada actual. Los últimos datos publicados de noviembre de 2018 muestran un retroceso del 5,9%, ya que mientras en noviembre de 2017 se utilizaba el 69,2% de la capacidad instalada, en el mismo mes de 2018 cayó al 63,3%. Este dato varía por sector, siendo los más castigados la industria textil con el 43,9%; la automotriz con el 44,4%; y la metalmecánica (excepto automotores) con el 44,5%.

La mejora de estas variables parece poco factible en el marco de un 2019 donde, según estimaciones del Presupuesto Nacional, se prevé una caída de medio punto en el producto; dato que el tanto el Banco Mundial como el FMI proyectan con una caída más pronunciada, la última conocida es de una reducción del 1,7% del Banco Mundial. El gobierno en la presentación del Programa Financiero 2019-2020 recalculó el medio punto de baja por un estancamiento. El déficit cero viene acompañado de crecimiento cero.

Resulta difícil imaginar un escenario distinto para la demanda industrial con proyecciones de caída en el consumo público del -4,6% y privado de casi un punto, además las inversiones esperadas muestran caídas de más de 10 puntos porcentuales. Con ajustes en la obra pública y los polémicos PPP suspendidos por los elevados costos financieros, no hay mucho que esperar. La variable sobre la que descansan las expectativas del gobierno para el 2019 son las exportaciones, que fueron estimadas en el presupuesto con un aumento del 20,9% respecto del 2018 pero se reestimaron en el ya mencionado plan financiero con una baja de más de 4 puntos, quedando en 16,3%.

Lamentablemente, los datos presentados también pueden traducirse en nombres. Así, por ejemplo, los dos sectores más castigados pueden ejemplificarse en casos concretos. Como ya se ha mencionado, la caída más pronunciada fue para la industria textil y el caso concreto es la reconversión de la tradicional fábrica de máquinas de coser Singer, con más de 64 años en el país. Otra de las caídas más importantes fue para la metalmecánica y el nombre propio es la fábrica de tractores Deutz, con 134 años en el país.

Las expectativas sólo puestas en el aumento de la exportación de productos primarios provenientes del agro no genera las divisas suficientes en el marco de un modelo de especulación financiera que ha generado un endeudamiento público que alcanzó el 95% de nuestro PBI.

La reprimarización de la economía no es la salida, debemos promover la industria de sectores estratégicos para generar trabajo, disminuir las importaciones y, si fuera posible, generar nuevos sectores industriales exportadores. La consecuencia sería ahorro y obtención de divisas para poder sortear la restricción externa, que ha condicionado el desarrollo de nuestro país a lo largo de toda su historia.

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