Martiniano Molina y la interna del último año

En el mapa de preocupaciones electorales que enfrenta el Intendente de Quilmes ninguno se presenta tan espontaneo y claro como la propia interna del gobierno. Martiniano no logró en los más de tres años que lleva al frente del Municipio, cohesionar a su gabinete para que tuviera cierta uniformidad de criterios y homogeneidad política a la hora de gestionar.

En este 2019 Molina deberá adaptarse a un cúmulo de circunstancias que no dependen de su voluntad: el calendario electoral, el posible desdoblamiento, la estrategia global de Cambiemos, la oposición y sus múltiples posibilidades de armado, el panorama económico, el humor social, y todas las variables que puedan imaginarse. Respecto a cualquiera de estos asuntos, Molina no tendrá otra opción que amoldarse. Sin embargo, ese frente interno tanto político como de gestión, que ya debería estar medianamente acomodado, es el problema inicial que deberá solucionar para enfrentar a todo el resto.

El Concilio de Mar de las Pampas

Denominado así por su punto de encuentro en cualquier época del año, o con su nombre alternativo de los Asambleístas de la calle Uriburu, Tomás Molina y su grupo, siguen siendo un vector clave del entramado de poder municipal. El hermano del Intendente y ex secretario de gobierno, acompañado por el ex Jefe de Gabinete Mariano Martinelli, y el todavía influyente ex subsecretario Cristian Ciari, mantienen una incidencia determinante  en el gabinete, fundamentalmente a través de la Secretaría de Hacienda, cuyo personal jerárquico les responde a rajatabla.

También influyen sobre el actual Jefe de Gabinete, Manuel Buján, y la Coordinadora plenipotenciaria Sonia Lugo, ambos personajes de importancia en la actual administración, y de reciente viaje introspectivo a la Selva Negra germana, siguiendo las enseñanzas del Arte de Vivir, a la que tan afecta se muestra la militancia de Cambiemos.

Lo mismo ocurre con los principales proveedores municipales, como Triviño Construcciones, los dueños de la obra pública local durante los últimos tres años; y el Grupo L, principal proveedor del Servicio Alimentario Escolar (SAE); entre otras empresas esenciales para el funcionamiento de la comuna.

La influencia en las decisiones es evidente, el pase a planta del personal jerárquico de Hacienda fue impulsado por el “Concilio”, sin importarles la pésima señal política hacia el interior y el exterior del gobierno. Además, lograron la designación, que se concretará esta semana, del ex director de Compras Diego “Pitoto” Picasso, un habitué del grupo, al frente del SAE.

 

Los tres mosqueteros de la política

El último volantazo de Martiniano los dejó en la mesa chica del día a día. La secretaria de Gobierno, María Ángeles Sotolano; el presidente del Concejo Deliberante, Juan Bernasconi; y el concejal Guillermo Galetto; son los tres mosqueteros de la política, que ruegan diariamente porque Molina se convierta en su D’Artagnan.

Los amontonó el viento de las políticas oficialistas, y comparten la vocación de poder y el deseo de permanecer en el juego de la política por largo tiempo. Cada uno con su propio estilo.

Sotolano manejó y aún maneja la secretaría de Desarrollo Social, a esa actividad supo sumarle el SAE, y actualmente conduce la secretaría de Gobierno. Apadrinada por Jorge Macri, militante histórica del PRO, intenta darle una impronta más territorial a la gestión, pero su cuota de poder está por verse.

Beransconi tomó la impronta de su referente político, el presidente de la Cámara de Diputados Emilio Monzó. No está de acuerdo con innumerables decisiones del gobierno Municipal, mantiene diferencias políticas y de estilo con muchos de los funcionarios clave, y sin embargo, trabaja para que se aprueben todas las ordenanzas que pide el Ejecutivo. Su nombre suena permanentemente para integrarse al gabinete.

El tercer mosquetero en cuestión, es el concejal y ex secretario Privado del Intendente, Guillermo Galetto, que logró transformarse en una especie de consiglieri de Molina. Es de los pocos al que el Intendente escucha con atención. El problema es que aún mantiene la impronta “villordista” (supo militar junto al ex intendente Sergio Villordo), de armar por la mañana para desarmar a la noche, y no siempre adecuadamente.

El legislador por el Caribe

Si su vocación turística no superara a su vocación política, el diputado provincial Guillermo Sánchez Sterli, podría integrarse a los mosqueteros para formar un cuarteto. Pero Sterli se siente más cómodo organizando cenas con integrantes del Poder Judicial en su casa del country que caminando el distrito.

Su relación con Martiniano y el gobierno Municipal es ambivalente, y en general, los funcionarios que le responden, suelen pensar más en los fines de semana largos que en el tarea que se les asigna.

La excepción es Ignacio Chiodo, el ex hombre clave en la secretaría Legal y Técnica y actual titular de la Agencia de Fiscalización y Control Comunal. Aunque a fuerza ordenar el área estaría tomando vuelo propio y alineándose directamente con Molina.

 

El último ex radical de Quilmes

Siempre hay un último ex radical, en nuestro caso es el actual Secretario de Educación y Cultura del Municipio, Ariel Domene. Hace poco intentó apoderarse de la conducción del Comité de la UCR pero la cosa no salió bien y quedó con un pie afuera del partido. Tiene el control del sustancioso y siempre cuestionado Fondo Educativo, y al igual que ocurría con su ex referente en el gobierno Municipal, el diputado provincial Fernando Pérez, su ambición de poder es notoria.

Domene siempre va por más, pretende quedarse con la Secretaría de Desarrollo Social, se imagina diariamente como Jefe de Gabinete, y se postula como primer candidato a concejal en la lista de Cambiemos. Por ahora, sólo obtuvo la venia para avanzar por la presidencia del Concejo Escolar, reemplazando a Danilo D’angelo por Pablo Splawski, aunque para ello debe aplicarse un estrategia de renuncias, contención de aliados y seducción de opositores, que no parece tan simple a primera vista. Cabe señalar que la Dirección General de Escuelas dispone de un fondo extra de emergencias para este 2019, que rondaría los 60 millones de pesos para Quilmes, que serían canalizados por el Consejo Escolar.

La banda de Servicios Públicos

Más de 2500 millones de pesos en presupuesto y casi dos mil empleados municipales conducidos por Sergio Chomyzcyn, cuya percepción de la realidad distrital, es al menos, equivocada. A esa conducción se suman Brian Neyla y Nicolás Monteagudo, dos ex militantes de la segunda línea de La Cámpora que tienen como mayor virtud el reparto indiscriminado de horas extras; y varios referentes del Sindicato de Trabajadores Municipales con las peores prácticas gremiales que hemos sabido conseguir.

En este contexto la definición de “banda” es elogiosa. Si en la elección del 2019 hay un voto castigo a Martiniano la explicación estará dada por los Servicios Públicos. El Intendente y el resto del gabinete saben que ya no hay tiempo para corregir, y el esfuerzo estará dado por evitar que las corruptelas y la ineficiencia sigan haciendo daño.

El único error es subestimar a una banda que cuenta con los mayores recursos del Municipio, su ambición desproporcionada, y su ineptitud manifiesta.

Para ir cerrando

A estos grupos, o vectores de poder que el Intendente Molina debe alinear cuanto antes para enfrentar un año que puede transformarse en un reconocimiento popular que le entregue la reelección, o en una pesadilla de gestión y de sufragios, podrían sumársele otro personaje a atender.

La novel secretaria de Comunicación, Magdalena Acuña, hermana de la Ministra de Educación de CABA Sol Acuña, y cuñada del súper secretario de Gobierno y Seguridad de Lanús Diego Kravetz. “Magdy” es resistida por buena parte del gabinete pero será la artífice fundamental de la campaña electoral, trabajando en sintonía con los modelos de difusión nacional y provincial, tercierizando tareas a través de privados pero bajando una línea unívoca en la comunicación de todo el gobierno. Actividad que sin dudas traerá coletazos.

A ella podríamos sumarle algún que otro funcionario de cargo importante pero de baja relevancia política, o a los aliados, pero cuando llegue la hora se demostrará que más que comprar voluntades el gobierno no hizo otra cosa que financiar traiciones.

Hay que entender que en el caso de Molina, la reelección ya es más que una parte del discurso, un deseo de continuidad, o la voluntad propia de permanecer en el mundo de la política y el ejercicio del poder. Para Martiniano, como para los integrantes del gobierno nacional, la reelección se ha vuelto una necesidad y un gesto de subsistencia personal. Si el Municipio de Quilmes cae en manos del “kirchnerismo” duro, hoy la primera opción después de Cambiemos, Molina corre el riesgo de volverse un ejemplo de venganza y revanchismo.

Es posible que el resto de los integrantes del gobierno se sientan a salvo de esta situación, y por ello hagan poco o nada por terminar con una fragmentación que limita las posibilidades electorales y debilita la cotidianeidad de la gestión de gobierno. Un lujo, que el Intendente no puede darse.

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