Se cierra. Se va.

(Por Christian Skrilec)

La política como mecanismo de respuesta a las demandas sociales se ha vuelto frustrante. La falla no sólo obedece al fracaso de la política económica del gobierno, que obviamente, se vuelve la más visible de las decepciones por el impacto que tiene en la vida cotidiana de las mayorías.

El año se va con números que hablan de una muy mala gestión de gobierno, le guste a quien le guste, los números son los números. Pero lo más inquietante  es que ante este penoso panorama económico y social, todavía el gobierno de Mauricio Macri y compañía, tiene chances de pelear la reelección. Esto nos dice que los opositores de hoy, también han causado (y causan) un enorme desengaño en buena parte de la ciudadanía. Hay mucha gente que no los quiere, le guste a quien le guste.

No hace falta que aburra con números, que en última instancia podés googlear si no confias en lo que escribo. Los guarismos correspondientes a la inflación, el aumento de tarifas, la recesión, la utilización de la capacidad instalada en la industria, las ventas en comercios mayoristas y minoristas, el consumo, el empleo, y la inversión, son todos rubros cuya caída ha sido sostenida a lo largo de todo el 2018. Y a este cóctel cuya resaca durará años, hay que sumarle la devaluación, el crecimiento de la pobreza, los consecuentes detrimentos sociales, la inseguridad creciente, y los pésimos servicios de salud, educación, y justicia.

Pero también hay grupos económicos a los que le va bien. Si estás entre el 30 por ciento de los argentinos que tiene alguna capacidad de ahorro, tu mirada puede ser menos dura. Ni que hablar si sos uno de esos tipos que tiene el resto suficiente para especular, o perteneces, sea en el rol que fuere, a alguno de los grupos favorecidos por el gobierno, como la minería, los combustibles, el campo y el sector financiero. No obstante, basado en las variables cuantificables, todos somos más pobres.

Nunca creí que este fuera un gobierno para ricos, pero sí creo que es un gobierno cuya gestión económica beneficia a unos pocos y manda a muchos al sacrificio. Y pese a esto, sigue el ejemplo de una malograda doctrina peronista, que contiene a los pobres en un sistema asistencialista que los mantendrá al margen de cualquier progreso económico y social durante toda su vida. La demostración es que pese a la caída, este diciembre transcurre sin mayores conflictos, y no parece que nada grave ocurrirá hasta que el año se cierre.

No obstante a esta descripción pesimista, y para los reduccionistas de siempre opositora. La realidad política excede a la situación económica y social, si bien la economía y la situación que atraviesa una sociedad son componentes del voto, no son los únicos. Por eso en esta misma página a lo largo de los meses pudiste leer que Mauricio Macri sigue en carrera y en competencia directa con Cristina Kirchner, que María Eugenia Vidal sigue siendo la candidata favorita en la Provincia de Buenos Aires, y que muchos Intendentes de Cambiemos tienen posibilidades de ser reelectos.

Es que la política, esa que te decepciona y parece incapaz de darle respuesta a cualquiera de nuestros problemas, tiene entre nosotros un fuerte componente emocional, dejando a la racionalidad lejos del alcance del votante promedio, en el que me incluyo. Lo novedoso de este tiempo es que esa emocionalidad que le fue tan propia al peronismo durante la segunda mitad del siglo XX, y al kirchnerismo en los últimos quince años, hoy es la esencia de su oposición, el actual oficialismo.

Ya no importan las contradicciones de uno u otro lado, ni los aciertos ni los errores, no importa quien tenga la razón argumental o la eficacia de la ejecución. En estos tres años la política construyó poder desde la diferencia con su oponente, y logró arrastrar a al menos dos tercios de los votantes a esa dicotomía. De esto no se sale fácil, para cambiar el paradigma, la crisis, sea económica, social, o institucional, deberá ser más profunda.

Pero el año se va, se cierra, y aunque todo tenga una continuidad inapelable, todavía hay señales de que el asunto puede mejorar, dicen que un pesimista es un optimista con experiencia, en este caso prefiero dejar la experiencia de lado. Terminá como puedas y empezá mejor.

Gracias por leer.

 

Publicado en la edición Nro. 916 del semanario “El Suburbano”.

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