Jorge Marquez| Miss Bolivia, cuando la resistencia baila cumbia

fotomia

 

Por Jorge Márquez (Politólogo y docente universitario)

 

 

 

Es probable que en tiempos críticos, afinemos la mirada en búsqueda de expresiones culturales que griten nuestros gritos o dibujen un mapa que nos interprete.

Estamos acostumbrados: La Argentina muestra un rico mosaico de propuestas contraculturales a lo largo del tiempo, disímiles y sorprendentes.

Y en ese camino, sin entrar en el análisis de la relación específica entre arte y política, ni en la carrera de la artista, casi desprevenido, debo decir que vi a Miss Bolivia disparando a mansalva—la noche de cierre del Bera Rock—.

Sorprendido, asistí a un show de una estética conurbana, en la que se fusionan el hip hop, el punk y la cumbia, con letras que militan resistencia a lo instituido, desde otro lado. Y ella, que te grita, arriba del escenario, pero que podría estar rapeando en una cortada en un barrio suburbano, marca la cancha desde el primer instante.

Y hay que romper ese horizonte impuesto y celebrar bailando las batallas cotidianas, nunca menores. Porque “el paso” todo lo cura, como cumbia “turra” o grito modulado que toma forma de libertad sexual, instante y deconstrucción. Y esa animal, negra, lúdica y pensante transmite furia de cambios.

La mezcla de ritmos y dichos sostienen,“desde otro lugar”, la desnaturalización de la porquería, y levanta el puño recordando a la “gente que no”, esa que convive con nosotros estancada en el barro del no cuestionamiento, la mentira o la vigilancia hipócrita.

En el relato, las chicas que la acompañan bailan, se contorsionan, mientras ella dice, recita, rapea,  que echó a su amante infiel y se indigna con la estupidez del hombre, le canta a una ex novia, ruge contra los femicidios o recuerda la lucha de las Madres.

Es ella, sin simpatías ficticias, sin simulaciones marketineras diciendo basta con rabia genuina.

Por eso, asume en primera persona la muerte, porque“si tocan a una nos tocan a todas”, narrando que “…mis amigos me buscan por ahí, me busca mi hermano, me busca mi madre, perdí contacto ayer a la tarde…el juez de turno se fue a una boda, la policía participa en la joda…”.

Hablamos de un show que es como el aire que corre entre las calles angostas de los barrios, en verano, cuando el calor es insoportable y nos contentamos con ese alivio que llega y asume metáforas actuales que sirven para esperanzarnos con transformaciones.

Es posible que la mezcla de la narración de la resistencia, con ritmos pegadizos y contagiosos, presagie tiempos de cambios sociales. Así, se ovaciona con anticipación lo que se desea con fervor,

aunque de no ser así, la música y el baile continuarán, porque como diría ella: “…a la gilada ni cabida…”

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