Entretenimiento y gastronomía, un frente inesperado para Molina

 

(Por Christian Skrilec)

Si había algo difícil de imaginar, era que el Intendente Martiniano Molina,  con un frondoso pasado como chef y entrepreneur, enfrentaría un conflicto con los empresarios de la gastronomía y el entretenimiento. La crisis económica y una política que todavía no tiene una explicación sensata son las causales inmediatas de un problema que crece inexplicablemente.

Si bien es cierto que Martiniano heredó una noche desbocada, sin límites ni respeto por las reglamentaciones, un terreno libre para el descontrol y las furias recaudatorias de funcionarios municipales, policías, sindicatos, y hasta bomberos, en la primera parte de su gestión se normalizó eficientemente. Bares cuya actividad convivía con la ilegalidad se reconvirtieron o cerraron. Se abrieron un número importante de cervecerías y hamburgueserías. El desmadre de violencia y alcohol en la calle se redujo notablemente, y pese al recorte en el presupuesto familiar de varios sectores de la sociedad quilmeña en lo que se refiere a esparcimiento, el rubro la venía aguantando.

Pero en los últimos dos meses todo se derrumbó. Y es interesante hablar de derrumbe antes de lo que seguramente será el mejor fin de semana en recaudación para la noche de Quilmes, con restaurantes y bares con reservas a tope por el Día del Amigo. Pero lo cierto es que según las agrupaciones de gastronómicos y de bares y discotecas que se están juntando en defensa propia, los cubiertos habrían caído en un 30 por ciento en lo que va del año y la venta en las barras alrededor de un 40 por ciento promedio, mientras que nadie se anima a cuantificar la caída en la concurrencia formal a los establecimientos.

Los empresarios gastronómicos se reunieron con Molina en su momento y le solicitaron algunas concesiones, como la eximición de la tasa de ocupación de vereda en invierno y la reducción de los costos de publicidad y propaganda, y la propuesta de organizar movidas publicitarias junto al municipio, como la noche de los restaurantes o la ruta cervecera. La respuesta del Intendente fue positiva, pero la ejecución nula. Por su parte, los empresarios de la noche, sean los del corredor de Calchaquí como los del centro, se sienten perseguidos, sobre la malaria creciente, los controles exhaustivos parecen desproporcionados hasta para la desprolijidad habitual del conurbano.

En todos los rubros, aparece como denominador común, la nueva política de inspecciones del Municipio. La Agencia de Fiscalización y Control Comunal ahora comandada por el inescrutable  Miguel Del Castillo, a quien se lo hace parte de cualquier tipo de leyenda urbana: que es personal activo de la AFI; que es un servicio a las órdenes de la diputada Carrió; que es un puritano que viene a limpiar la ciudad en nombre de la sacrosanta transparencia; o que es un lumpen que se lo sacaron de encima en Nación porque sirve para poco. La verdad es que a nadie le importa quién es, si no lo que quiere hacer, y si lo que hace lo hace con el aval del Intendente.

El primer dato que debería tener Del Castillo, es que los expedientes que revisa con ansiedad manifiesta en su oficina, muy posiblemente contengan irregularidades, es más, apostaría sin riesgo que buena parte de las habilitaciones de la ciudad contienen irregularidades, y que otra buena parte de los establecimientos destinados al ocio, no cumplen con las reglamentaciones vigentes. Pero esto no es producto exclusivo de gobiernos corruptos, sino también de la actual gestión, que tiene que lidiar con ordenanzas obsoletas, intereses económicos y políticos. Tampoco tomemos al “extranjero” por ingenuo, sus inspectores no multan ni infraccionan a Buró, al Bosque, a COTO o a Mostaza, todos comercios con irregularidades más evidentes que el resto. La discrecionalidad de la acción siempre pone bajo sospecha las intenciones.

En tanto, improvisados flyers se viralizan en las redes reclamándole al Intendente que no “arruine la noche”, con una repercusión negativa entre los jóvenes. Mientras que los empresarios gastronómicos se preparan para el fin de semana y lamentan haber invertido en aportes de campaña para el oficialismo. Como toda esta gente vota, si esto no es un frente de conflicto, se le parece bastante.

 

Gracias por leer.

 

Publicado en la edición Nro. 896 del semanario “El suburbano”.

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