Opinión| Quienes estamos a favor del aborto, estamos a favor de la vida

 

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Por, Campaña Nacional por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito, zona Sur.

 

 

 

 

Estamos viviendo un momento histórico. Nosotras, militantes de la Campaña Nacional por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito, ansiábamos este momento desde siempre. Hemos llegado a él munidas de gran cantidad de argumentos sólidos, científicos, estadísticos; sustentados en la realidad de cada día, por el encuentro con cada mujer que decide abortar, por los datos terribles de mujeres y niñas que son obligadas a parir en este país.

Hemos llegado a este momento histórico con un apoyo enorme en las calles; con una fuerza imbatible, emocionante, superadora; con la claridad de que no hay vuelta atrás en la toma de conciencia de gran parte de la población; con las convicción de que seguiremos luchando por nuestro derecho a decidir, el de cada mujer, de cada niña, de cada persona con capacidad de gestar. Y ahora somos más, muchxs más.
Logramos la media sanción en la cámara de diputadxs, a pesar de los embates de quienes están no sólo en contra de la legalización (incluso, de las prácticas que ya son legales desde… 1921) sino en contra de la posibilidad de que las mujeres y personas con capacidad de gestar puedan decidir sobre sus cuerpos. Hemos visto que quienes están en contra de la legalización utilizan y han utilizado argumentos efectistas, datos falseados (e incomprobables en muchos casos); han utilizado analogías realmente vergonzosas; han tratado de dar vuelta nuestros propios argumentos tratando de convertir a la legalización del aborto en una práctica machista; han tratado de desviar el foco del debate tratando de imponer la dicotomía aborto sí/ aborto no, para desvirtuar el debate real (el de la legalización) y ponerlo en el terreno no de la legalidad y la salud pública (en definitiva, el terreno de la política) sino en el de las creencias personales e individuales, algo sobre lo que no es posible ni deseable legislar.
Los argumentos que se vienen desplegando a favor de la legalización no apelan al golpe bajo; por el contrario, se fundan en datos rigurosos, en principios éticos, alejados de la moralina y de discursos vacíos y efectistas; se fundan en una perspectiva de derechos, de deseo y necesidad de que las mujeres y personas con capacidad de gestar puedan decidir si ser o no madres, cuándo y de qué modo hacerlo; se fundan en la idea de que toda maternidad sea deseada; se fundan en el principio básico de que cada persona pueda ser autónoma y tomar decisiones en libertad.
Quienes estamos a favor de la legalización del aborto estamos a favor de la vida; así se ve y se entiende en cada intervención durante los debates, en cada acción que desarrollamos en las calles, en las escuelas, en los centros de salud. Y nos mueve el amor en todas sus dimensiones; nos mueve, también, el deseo de la libertad y la autonomía. Como militantes, nos queda aún mucho trabajo para llegar a la sanción en la cámara de senadores, y aún después si esta ley se aprueba. Pero tenemos también mucho terreno ganado, pues hemos logrado la despenalización social: hoy “aborto” se dice en voz alta en las calles, las escuelas, los lugares de trabajo, los centros de salud; han comenzado a surgir relatos acallados históricamente, relatos familiares, íntimos, que no tenían lugar, que se guardaban como secretos vergonzosos, esquivos. Hoy el aborto es un tema público, ya no sólo de la intimidad: hemos logrado ubicarlo en el ámbito de lo político, tal como lo concebimos las feministas. La decisión final de abortar o no es personalísima, individual, de cada mujer y cada persona con capacidad de gestar; esta ley no legislará sobre las decisiones personales: permitirá, simplemente, que no haya ni una muerta más por aborto clandestino, y que la maternidad no se transforme en una obligación.

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