Una línea entre Scarabino, Carrefour y Molina

(Por Christian Skrilec)

En una nota de investigación publicada en el blog El Quilmero, firmada por el reconocido historiador local Chalo Agnelli, se reproduce el texto divulgado en septiembre de 1998 por el órgano de difusión municipal denominado CoMUNIcar, que dice lo siguiente: “A través de un convenio con la firma UNIMARK, la Municipalidad de Quilmes cede por espacio de 30 años la explotación del predio ubicado en el corazón de la ciudad, delimitado por las calles Humberto Primo, Moreno, Olavarría y Lavalle y la firma construye un nuevo edificio municipal en una superficie total de 15.000m2”.

Veinte años después, el cierre de la sede del hipermercado Carrefour en Quilmes centro tendría que llevarnos a la reflexión y preguntarnos seriamente qué queremos de la gestión de un Intendente. En primera instancia me atrevería a decir que de un Jefe Comunal pretendo que no concesione una plaza pública, que además de ser un pulmón verde de urgente necesidad en una ciudad que se sepulta en edificios, tiene un valor histórico irrefutable.

El ex intendente Federico Scarabino alquiló una plaza, y tuve que escuchar (y todavía escucho), que su gestión fue la mejor desde el retorno de la democracia. Repito: alquiló una plaza, ¿qué dirías si Martiniano Molina pone en concesión la Plaza Conesa para hacer un estacionamiento? ¿En qué pensábamos en el año 1998? ¿Los vecinos deseaban ir a comprar en un híper? Justificar las acciones de gobierno a largo plazo por el contexto social económico del momento es de una mediocridad preocupante.

No es de mi interés hacer revisionismo, pero es muy difícil sostener la gestión pública municipal de alguien que remata una plaza. Algún amigo, también historiador, agregaría que el daño que le produjo a la ciudad Scarabino permitiendo la instalación de los bingos, y ejecutando antojadizamente el cuantioso Fondo del Conurbano Bonaerense que se repartía en ese tiempo, fue mucho más grave que las ineficacias y las corruptelas de las gestiones de Aníbal Fernández o Fernando Geronés. Habría que mensurarlo.

Pero volvamos al presente. Poco tiene que ver Molina con el cierre de la sucursal de la cadena francesa, ese cierre comenzó a gestarse cuando la empresa hizo un acuerdo marco con el gobierno Nacional y el Sindicato de Comercio hace ya varios meses, y que detonó localmente por la devaluación salvaje del peso: el alquiler del local rondaba los 70 mil dólares mensuales. En síntesis: acuerdo súper estructural, caída del consumo, aumento de un 50 por ciento del alquiler en pesos, da como resultado el cierre del lugar. La misma suerte tendrían otros emprendimientos allí ubicados, como el elegante gimnasio del primer piso.

La resultante de esto no es sólo la pérdida de medio centenar de puestos de trabajo en forma directa (el Sindicato de Comercio solo logró reubicar una veintena de trabajadores), sino también la afectación indirecta que implica para los taxis, los remises y los comercios de alrededor consecuencia de la reducción de movimiento de potenciales consumidores.

¿Qué puede hacer Molina con esto? Si bien es cierto que no hay política de desarrollo ni de producción local, ni incentivos serios para empresarios, tampoco el marco económico nacional le deja mucho margen, y los esfuerzos no son claros: a cambio que la oficina de empleo municipal obtuviera una treintena de puestos de trabajo para los quilmeños, el Municipio le otorgó una habilitación provisoria a la cadena de comidas rápidas Mostaza (Rivadavia e Irigoyen), pese a que no cumple con las reglamentaciones en lo que a planos, salidas de emergencia e informe de bomberos se refiere. La necesidad tiene cara de hereje.

Tenemos que hacer el esfuerzo de entender que existe un mapa temporal, una línea imaginaria de gestión que une las políticas de un gobierno a otro, sobre todo cuando esas políticas condicionan décadas. Con el paso del tiempo, podemos observar que la decisión de Scarabino de alquilar una plaza pública por 30 años fue un disparate insostenible, y que necesitaremos diez años más para corregirlo.

Hoy debemos estar atentos a las decisiones de Molina, porque sus errores y aciertos tendrán consecuencias para la ciudad, en la que nosotros seguiremos viviendo.

Gracias por leer.

 

*Publicado en la edición Nro. 895 del semanario “El Suburbano”.

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4 comentarios en Una línea entre Scarabino, Carrefour y Molina

  1. estimado sr. si ud. es historiador y revisionista no puede solo hablar de lo incorrecto, debería hablar también de lo correcto, se olvida del desalojo del mercado que funcionaba en ese predio y era un lugar que afectaba de diferentes formas a los vecinos ya la ciudad, esa medida fue criticada por algunos ciudadanos que ante los acontecimientos históricos deberían reconocer una medida coherente en su momento. Ud. debe saber que a veces la historia pone las cosas en su lugar, esperemos que la recuerde y la transcriba, atte.

    • Si de hacer memoria se trata, debe recordarse que ese predio fué cedido primero por la gestión del intendente Eduardo Vides, ordenando de esta manera cerrar el mercado municipal que funcionaba en esa manzana y desalojar a los puesteros. Luego de una larga batalla legal con la asunción de Eduardo Camaño se pudieron componer intereses y lograr un acuerdo de desalojo.

  2. Consulta. Después de los 30 años todo el predio pasa a nombre del municipio? Así con todo lo edificado? Si es así supongo q el grupo consecionario en los últimos dos años que le queden ya no invertirán en el mantenimiento. Y como siempre el estado deberá renovarlo.

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