Padre Cloro| ¿Cuáles son nuestras necesidades?

Padre Cloro

Por Jorge Cloro (Párroco de la Iglesia Espíritu Santo del barrio Iapi, Bernal oeste)

En el nuevo testamento, en la primera carta de Juan, en el capítulo 3 versículo 17 dice: “Pero el que tiene bienes de este mundo, y ve a su hermano en necesidad y cierra su corazón contra él, ¿cómo puede morar el amor de Dios en él?”.

Como sacerdote me cuesta mucho entender lo que sucede en el mundo y en particular en nuestro país. En mi barrio, popular y pobre, la mayoría de la gente trabaja, no en blanco sino en negro o con contratos temporales donde la incertidumbre acarrea otros problemas personales y vinculares en la familia.

 Las adicciones que van en aumento son consecuencia de una sociedad que está “enferma”, no de una familia o de una persona “enferma”.

El nivel de inequidad y desigualdad que vivimos hoy alcanza niveles de inmoralidad y falta de ética ciudadana. En el mes de agosto del año 2017, es decir casi un año atrás, el diario La Nación informaba que el 43% de los bienes declarados por los ministros del gobierno están en el exterior. Los mismos que piden inversionistas para nuestro país. Nicolás Dujovne declaró 85.000.000 en el exterior. Un albañil de mi barrio le pagan en negro $ 800 el día por ocho horas sin viáticos, viajando más de dos horas, es decir cuatro horas entre ida y vuelta. ¿Puedo comparar? ¿debo comparar? Creo que no, porque fuimos formados en una manera de pensar y vivir donde algunos nacen privilegiados y otros no. Avalado dolorosamente por religiones, entre ellas la católica. Más de una vez escuche decir: “Ya lo dijo Jesús siempre habrá pobre entre ustedes”, justificando la miseria y la desigualdad. Esa lectura absolutamente errada de la palabra de Dios, no está justificada por la Doctrina Social de la Iglesia.  Así como no vivimos la Constitución nacional plenamente, tampoco vivimos el Evangelio de Jesús ni la Doctrina de la Iglesia.

En el compendio de la Doctrina Social de la Iglesia en el N° 182 dice: “El principio del destino universal de los bienes exige que se vele con particular solicitud por los pobres, por aquellos que se encuentran en situaciones de marginación y, en cualquier caso, por las personas cuyas condiciones de vida les impiden un crecimiento adecuado. A este propósito se debe reafirmar, con toda su fuerza, la opción preferencial por los pobres: «Esta es una opción o una forma especial de primacía en el ejercicio de la caridad cristiana, de la cual da testimonio toda la tradición de la Iglesia. Se refiere a la vida de cada cristiano, en cuanto imitador de la vida de Cristo, pero se aplica igualmente a nuestras responsabilidades sociales y, consiguientemente, a nuestro modo de vivir y a las decisiones que se deben tomar coherentemente sobre la propiedad y el uso de los bienes. Pero hoy, vista la dimensión mundial que ha adquirido la cuestión social, este amor preferencial, con las decisiones que nos inspira, no puede dejar de abarcar a las inmensas muchedumbres de hambrientos, mendigos, sin techo, sin cuidados médicos y, sobre todo, sin esperanza de un futuro mejor».

Esta doctrina es la que mueve mi fe y mi actuar. Por lo tanto, no puedo dejar de ver las necesidades básicas no satisfechas de una inmensa mayoría de vecinos que cada día sienten con más aflicción el aumento de los alimentos y las tarifas de servicios esenciales, la falta de acceso a la  medicina, la educación deteriorada no por falta de vocación sino de la remuneración injusta, el cuidado del medio ambiente, la inseguridad…

Naturalizar lo que no es natural es terminar viviendo sin dignidad. Evangelizar es humanizar y humanizar es dignificar a las personas que tienen rostro, nombres, historias; no son estadísticas y mucho menos siglas, los ni-ni, los NBI… Necesitamos nuestros derechos para aprender a saber nuestros deberes reales. Necesitamos una jerarquía de necesidades, primero está dar de comer a los hijos ante que pagar la luz. Necesitamos trabajo real, no pseudo trabajos con más exigencias y menos derechos. Necesitamos sobre todo que el Estado cumpla con su rol. El Estado no es una empresa que debe rendir frutos económicos y generar riqueza. Es el garante de la equidad social y del principio de subsidiariedad, principio en virtud del cual el Estado sólo debe ejecutar una labor orientada al bien común, no el de algunos privilegiados sino precisamente de los más vulnerables.

Y creo que ya debemos dejar de culpar al pasado de nuestros errores presentes. Ya pagamos la deuda desde Rivadavia en adelante… La memoria es para recuperar identidad y no cometer nuevos errores… Lo que no podemos permitirnos es a no ser libres y soberanos por los que tantos hombres dieron su vida.

A muchos Dios se los demandará y a otros ya la Patria se los está demandando ahora.

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