La oportunidad opositora

Por Christian Skrilec

Unos meses atrás, en plena primavera y con el conteo de votos a cuestas, la oposición estaba perdida. Cambiemos parecía dejar definitivamente su origen municipal y obtenía un claro triunfo electoral en la mayoría de los distritos del país. Fortalecía su posición en el Congreso nacional, obtenía mayoría propia en el senado bonaerense y en diputados conseguía un rápido acuerdo con un sector del peronismo para garantizarse el quorum, mientras que en los concejos deliberantes aumentaba en promedio su representación municipal. El triunfo político después de dos años de incertidumbre económica y ajustes varios, desnudaban un panorama reeleccionista casi inapelable, si entonces habíamos transitado lo peor y pese a ello las urnas acompañaban, el futuro era inmejorable para el PRO y compañía.

Pero resulta que lo peor no había pasado, y según el Presidente, recién terminó de pasar la semana pasada. El problema es que de la elección hasta ahora, la economía no repuntó, la temporada de ajustes continúa con un cronograma filoso por lo menos por un par de meses más por intermedio del aumento en las obras sociales, las escuelas privadas, las tarifas de servicios, y la permanente suba de la ingenuamente denominada “canasta familiar”.

En los municipios del conurbano el problema se agudiza, porque en ese contexto nacional, y con el imperativo de bajar el gasto público, el gobierno ya hizo trascender que no habrá dinero para obras hasta fin de año, y a duras penas se intentará concluir con los proyectos ya iniciados. Pese a los promocionados secuestros de drogas y la publicitada lucha contra las mafias “la sensación de inseguridad” no disminuye. Y por si todo esto fuera poco, en las últimas encuestas crece la preocupación por el empleo, ya sea por conseguirlo o mantenerlo. En síntesis, el humor social y las consecuentes expectativas están en baja.

Entonces la oposición, en su mayoría peronista, empezó a tomar confianza en que el 2019 no es una quimera, y que el retorno al poder es posible en el corto plazo. El descontento, que empieza a tomar un volumen preocupante en los sondeos de opinión le da una oportunidad hasta hace meses inesperada. Pero obviamente, esa oposición peronista, viene cultivando la fragmentación y la división interna con una intensidad preocupante desde mediados de los noventa. Si bien el peronismo tiene tendencia a partirse desde sus orígenes, en las últimas dos décadas no dudó en fracturarse en beneficio ajeno.

La idea de unidad, hasta ahora tiene más de discurso voluntarista que de acciones concretas. Las ambiciones personales de los gobernadores, la especulación de los intendentes del conurbano, y la militancia radicalizada del “kirchnerismo” duro, son factores latentes de imposibilidad para una unidad que le dé chances electorales. Un peronismo dividido en dos listas, puede tener expectativas de quedarse con el gobierno nacional en una hipotética segunda vuelta, pero deja el terreno allanado para Cambiemos, no sólo para retener provincias y grandes municipios, sino para arrebatarle nuevos distritos.

En un año sin elecciones, donde el oficialismo puede aprovechar para mostrar gestión con menos condicionamientos, la economía lo obliga a hacer la plancha y guardar recursos para el año próximo, arriesgándose a perder la base de sustentación social que había logrado en octubre pasado. El frente judicial que azotó con dureza al kirchnerismo y sigue manteniendo a raya a varios de sus ex funcionarios parece haberse calmado, y más aún en lo que se refiere a los intendentes del conurbano, que excepto en casos excepcionales procuraban hacer buena letra frente a la gobernadora Vidal para conseguir recursos mientras miraban de reojo a los tribunales. Al más mínimo olor a calas que desprenda Cambiemos, la familia judicial dejará sus aspiraciones investigativas para otro tiempo, o para otro gobierno.

La suma de factores presenta un panorama alentador para la oposición y preocupante para el oficialismo, que sigue aferrándose a dos condiciones que hasta la fecha no se modifican: la imposibilidad de unificación del peronismo, y la invulnerabilidad de la gobernadora Vidal. Cualquier señal de cambio en estas situaciones, nos obligará a imaginar un nuevo mapa político.

Gracias por leer.

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