Un petardo antes del apocalipsis

Por Christian Skrilec

La dinámica de la política nacional acelera en el vacío, se desgracia en la idea del eterno retorno, se repite tragicómica. Es diciembre, se va el año, y en nuestra memoria cortoplacista las imágenes de estos días nos remiten al 2001 aunque el marco de la foto sea sustancialmente distinto.

La receta económica social del gobierno satisface a unos pocos, indigesta a unos cuantos y le cae mal a muchos. Hay cosas que hay que cambiar, el país no funciona como debería, o como tal vez podría funcionar. Pero no es justo que el “cambio” lo paguen los más vulnerables. El argumento central de la cohesión de Cambiemos es que con los otros, en general peronistas, nos fue mal.

Ese argumento es rigurosamente cierto en varios aspectos, en los últimos treinta años de gobiernos peronistas aumentó la pobreza, se ensanchó la brecha social, la salud y la educación pública decayeron a niveles impensados, y hace décadas que no se crea empleo genuino, entre otras decadencias que podemos enumerar.

Los que no acuerden con estas afirmaciones, no piensen en el buen lustro “kirchnerista” (2003-2008), ni siquiera tomen los últimos doce años, la película peronista desde el retorno de la democracia también incluye a Menem y a Duhalde, y a todos los gobernadores que bajo la excusa peronista transformaron sus provincias en feudos pauperizados.

El peronismo post Perón, y para algunos, el peronismo post Evita, no hace justicia social, no incluye, no promueve esa maravilla discursiva de la equidad de oportunidades y la movilidad social, el peronismo post perón construye poder económico-político-estatal y simplemente contiene a la pobreza, la acaricia, la engaña.

Entonces hoy Cambiemos se aferra a esa decepción de tres décadas y se permite la aplicación de políticas antipopulares. El gobierno de Macri no puede negar por más que se apalanque en los medios masivos y en las redes sociales que sus políticas afectan con dureza a las mayorías. Peor aún, a esta altura de la gestión, y con los datos oficiales a la vista, tampoco se puede negar que se produjo a través de las políticas de estado una transferencia de riqueza a los sectores concentrados y a los grupos privilegiados de la sociedad.

Si de datos oficiales hablamos, digamos que exageramos al decir que el segundo año de Macri fue mejor que el primero, si se puede afirmar que fue menos malo, que se detuvo la caída. Pero el panorama, sin exagerar, no se modifica en demasía. Los pobres siguen muy lejos de la puerta de salida de la pobreza, la clase media se recorta y se achica con cada vez menos margen de maniobra.

Pero esta descripción sigue sin encajar en el discurso apocalíptico de la izquierda o el “kirchnerismo” radicalizado. Los que añoran el retorno del 2001 y lo repiten como una letanía, saben que las condiciones objetivas de entonces están lejos de repetirse. Lo que no quiere decir que de continuar con los yerros, este gobierno no las repita.

El peronismo es destituyente, en la intimidad se regocija con la caída de los que lo sacaron del poder. Es igual que el anti-peronismo, que con el discurso institucionalista y republicano abusa cada vez que puede de los mismos vicios. La izquierda, lamentablemente mostró su desapego a las reglas del juego democrático. No se convence a los piedrazos, no se cambian políticas de un gobierno elegido por la mayoría revoleando bombas molotov. Como tampoco se sostienen políticas de estado a los palazos.

Decir que el año próximo será difícil, es demasiado desalentador para aquellos que vienen atravesando dificultades año tras año, pero negar la realidad nunca es una buena medicina. Posiblemente a lo largo de nuestra vida transitemos en un país que se agota en  demasiados años difíciles, será  porque también somos un pueblo difícil. Debemos aceptar que ni los unos ni los otros, ni los oficialistas ni los opositores, vienen de otro planeta. Aunque lo neguemos, nosotros nos parecemos demasiado a nuestros dirigentes, sólo nos diferencia la circunstancia.

En la última Antitapa del año, antes de las fiestas, simplemente quería explotar un petardo, para advertir con el ruido que siempre es posible que sobrevenga el apocalipsis. Bum.

Gracias por leer.

Me gusta
Me gusta Me encanta Me divierte Me sorprende Me entristece Me enoja
51

Se el primero en comentar

Dejá un comentario

Tu dirección de correo no será publicada.


*