Apuntes para un balance de gestión

Por Christian Skrilec

La calificación numérica suele ser pragmática e imprecisa a pesar de la invulnerabilidad matemática. La simpleza del bien, regular y mal deja la puerta abierta a otra serie de especulaciones. Es más, en mi momento de estudiante los educadores se habían entusiasmado con las calificaciones de insatisfactorio, satisfactorio y muy satisfactorio, estimo que la complejidad de la palabra terminó rápido con ese sistema. Tampoco funcionó el minimalismo conceptual de “alcanzó” o “o alcanzó” los objetivos. En síntesis, como todos saben,  el presidente Macri se puso un 8, optando por la autoevaluación y los números.

Las redes sociales permitieron que cualquiera que tuviese vocación de evaluador emitiera su puntaje, así que las notas oscilaron entre 0 (número no utilizado por las juntas evaluadoras), y 10. Los medios menos arriesgados convocaron a evaluadores externos, y los más comprometidos  utilizaron a sus editorialistas para calificar la gestión Macri, también con la sequedad del uno-diez, que (¿para qué seguir con las especulaciones semánticas?) es impropio de la política.

Si la política es, como reza la definición, el arte de lo posible, lo que debería evaluarse es si esas posibilidades fueron o no aprovechadas de manera satisfactoria o no,  pero esto ya sería ponerse a pensar demasiado y como bien plantean los gurúes actuales de la comunicación, se debe decir simple y fácil, que todos puedan interpretarlo, que el mensaje esté blindado a las especulaciones y a las objeciones: el nene Mauricio salió del aula y dijo, me saqué un 8.

El problema de la evaluación es el método, que a la postre siempre es cuestionable. Más que evaluar la gestión de Macri, la de Vidal, la de Molina, o la de cualquier intendente del conurbano, deberíamos tomar nota de algunas ideas para pensar lo ocurrido en el último año de gobierno con las gestiones PRO.

Bajo esta premisa me gustaría dejar anotados algunos puntos a observar con atención:

Todos los índices que afectan la vida del ciudadano común fueron perjudiciales. Caída de los índices de consumo, caída de la producción industrial, caída de las ventas minoristas y mayoristas, crecimiento de la capacidad ociosa de las industrias, pérdida de empleo, estancamiento económico, una inflación que rondará el cuarenta por ciento, aumento de precios en productos de primera necesidad, pérdida del poder adquisitivo , caída del salario real, etcétera. Todos estos puntos no son afirmaciones antojadizas, sino que se fundamentan en datos formales emitidos por consultoras privadas o universidades nacionales, y refrendados por el recuperado Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC). Entre paréntesis, anote un porto para el gobierno.

Está claro que la matemática no puede ayudar nunca a la calificación del gobierno (con estos valores no hay forma de promediar un ocho), así que como explicitó el factótum intelectual del PRO, Jaime Durán Barba, los éxitos del gobierno se miden en el cambio de paradigma y valores que se dieron en este primer año de gestión. Desde ya, otra idea incomprobable, o al menos, difícilmente mensurable.

La intemperie de la especulación política, siempre encuentra refugio en las encuestas. Un año después de la asunción del poder por parte de CAMBIEMOS, demuestra que la única dirigente que creció en su imagen positiva y su valoración electoral ante los ciudadanos es la gobernadora María Eugenia Vidal. Esa impactante fortaleza de imagen personal, nunca menor al 60 por ciento en las mediciones, mantiene a flote una gestión bonaerense, que también es observada con dudas e incertidumbre por el vecino promedio.

Del mismo modo, las encuestas siembran dudas sobre las gestiones PRO, pero también exhiben casi con el espíritu de un deseo navideño, que más de la mitad de los ciudadanos mantienen las expectativas y la creencia, de que el año que viene será mejor. Lo que debe evaluar el gobierno ahora, con el método que prefiera, es que no puede darse el lujo que el ciudadano pierda la esperanza.

Gracias por leer.

 

*Publicado en la edición 826 del semanario “El Suburbano”.

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